Visita institucional al Congreso de los Diputados

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Visita institucional al Congreso de los Diputados

El Aula Política Joven del Instituto CEU de Estudios de la Democracia visitó el 18 de marzo, el Congreso de los Diputados de la mano de tres representantes de VOX.
Agradecidos a Jacobo Robatto (Granada), Carina Mejías (Barcelona) y Pepe Alcaraz (Jaén) por organizarlo este encuentro y por hacerlo realidad.
Nuestros jóvenes no saben qué es ETA y qué precio tuvimos que pagar los españoles para derrotarlo en el ámbito policial y judicial, qué flecos sueltos quedan aún por resolver o qué futuro les espera a sus representantes en las actuales instituciones.
Por otro lado, entender bien el entorno internacional ayuda a calibrar mejor en qué situación nos encontramos ahora con respecto al terrorismo.
Justo el dia de San José, pudimos ver el ejemplar de la Pepa que expone el Congreso. Una feliz coincidencia.

Editorial: «Era digital y libertad de expresión»

La era digital encierra el peligro de radicalizar los mensajes políticos. Una democracia no puede subsistir cuando no existe una conversación política serena entre oponentes regida por la garantía de la libertad de expresión y menos si surgen en ella amenazas o invitaciones irresponsables a la violencia, que ridiculicen, descalifiquen o demonicen al adversario político. Cuando en una democracia se permite que las amenazas se conviertan en rutina se produce el riesgo de que lleven a la violencia y a la realidad satánica del asesinato político.

Muchas personas se hacen hoy adictas a las redes sociales y sufren en forma frecuente una disociación entre su personalidad real y lo que se empieza denominar la personalidad on-line o la personalidad digital.  Esa nueva personalidad on-line puede llegar a suplantar la personalidad real del sujeto. El adicto digital busca lograr la máxima influencia en Instagram, en X, en Tic Toc o en los diferentes canales sociales, y ese intento le lleva a promover acciones que suelen destacar por su extremismo aunque sean violentas.

En el contexto de la era digital se observa que el nuevo rango social personal de los enganchados a las redes sociales empieza a estar influido por el rango on line, de la personalidad digital, que se mide por los seguidores que el adicto logre conseguir en los canales sociales. El resultado es un perverso «efecto rebaño» del adicto y de sus seguidores que polariza las sociedades democráticas tiende a dividirlas y centrifuga en ellas el debate político simplificándolo y estrechándolo hacia sus extremos.

Ese es el ejemplo que ofrece el asesinato dramático a sangre fría de Charlie Kirk el pasado 10 de septiembre de 2025, ante miles de personas, en el campus de una Universidad de Estados Unidos cuando ejercía en forma moderada, sosegada y pacífica su libertad de expresión, consagrada como «la libertad preferente» en la Primera Enmienda de su Constitución.

Su única arma era ofrecer un micrófono a los oponentes y discutir con ellos en paz. Kirk fue alcanzado por una bala pintada con el insulto de «fascista» disparada por un hombre de solo veintiún años que se había radicalizado en el odio del mensaje Antifa (de Antifascismo) y Trantifa (de antitransgénero) en solo dos años de permanencia en las redes sociales.

Muchas voces autorizadas afirman que Charlie Kirk —Charles J. Kirk—, que contaba treinta y un años en el momento de su atentado, habría llegado a ser en pocas décadas presidente de los Estados Unidos (M. Benz). Charlie Kirk era un hombre bueno y brillante, dotado de una oratoria extraordinaria y muy poco conocido en España. Creó desde los 18 años,  la poderosa organización “turning point USA” (TPUSA) que en solo una década atrajo a un debate político pacífico a muchas decenas de miles de jóvenes de todas las universidades americanas. Defendía en forma vehemente y eficaz, pero siempre sosegada a y amigable, los valores religiosos cristianos, el matrimonio entre hombre y mujer, los hijos y la creación de una familia, lo que contrastaba en forma evidente con la ideología woke y transgénero dominante hasta entonces en forma acrítica en el mundo universitario norteamericano.  El punto de inflexión lo ofreció “turning point”, al crear una contra voz que generó un debate intenso en la última elección presidencial de 2024.

La muerte de Kirk provocó la reacción de repulsa más importante por la muerte de un particular de la historia reciente de Estados Unidos. Innumerables grupos se reunieron por doquier para rezar en público, con frecuentes citas bíblicas y sentidos mensajes cristianos. Así ocurrió también en su funeral oficial, presenciado en directo por más de 100.000 personas y con cerca de 100 millones de espectadores conectados a en directo desde su inicio. Kirk recibió de los más altos representantes de los Estados Unidos los máximos honores que se conocen en esa democracia. Su viuda, Erika Kirk, anunció que iba a proseguir su labor y emocionó al perdonar allí públicamente, entre sollozos, al hombre que había asesinado a su marido, como hizo Jesús en la Cruz (Lc, 23, 33), porque, como dijo, los Evangelios contienen un mensaje de amor que obliga a que no se responda al odio con el odio.

Es monstruoso, sin embargo, que muchos de los oponentes hayan celebrado este asesinato con burlas y con la falsificación burda de las ideas de Charlie Kirk; se ha llegado a expresar júbilo en público por su muerte intentando que el silencio vuelva a reinar sin que nadie se atreva a usar en forma pacífica su libertad de expresión.

Pero el sistema ha cambiado para siempre y la conmoción en Estados Unidos ha sido y es inmensa. El punto de inflexión no se ha parado con la violencia y es de esperar en el futuro una conversación moderada entre contrarios, como es propio del campus de la Universidad.

Su Santidad el Papa León XIV, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, aprovechó para transmitir su pésame por el reciente asesinato de Charlie Kirk. El Sumo Pontífice subrayó que nuestras diferencias políticas nunca pueden resolverse con la violencia y transmitió al nuevo embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede que rezaba por la viuda de Kirk y por sus hijos.

Debemos tener presentes estos acontecimientos porque en el mundo global hay que evitar que se puedan repetir en cualquier parte y, por desgracia, han estado presentes en la historia reciente de España. La violencia pone en peligro la sensación de seguridad que es esencial para el debate político. La violencia surge cuando se demoniza la discordancia política diaria con palabras cargadas de odio. Esa clase de retórica lleva al desastre. Si los oponentes son nazis, fascistas o comunistas execrables, ¿importa asesinarlos?

La violencia política y su amenaza es una causa de la autocensura y nos debe llevar a reflexionar que tal vez sea necesario garantizar de futuro en nuestras Constituciones escritas que todo sistema democrático exige que subsista siempre en él un debate político entre todos los discrepantes que sea real, abierto y pacífico.

Editorial: «¿Tolerancia?»

La palabra “tolerancia” engalana lemas escolares, proclamas políticas, bellos discursos y buenos propósitos. Algunos la utilizan porque suena bien, parece buena y es políticamente correcto utilizarla. Sin embargo, los mismos utilizan “tolerancia cero” unos renglones más abajo: “somos un colegio que promueve la tolerancia entre nuestros alumnos,(…) existe en el colegio tolerancia cero ante actitudes racistas”.

La tolerancia mal entendida ha llevado a situaciones paradójicas y bajo su bandera se han cometido actos brutales. ¿Dónde situar la tolerancia? ¿Realmente es un principio sólido?

La Revolución Francesa alardeaba de tolerancia, y nos traía a la mente las ideas de libertad e igualdad. Sin embargo, la Revolución Francesa fue cruel e intolerante hasta el extremo: terror, ejecuciones sin juicio, guillotinas, represalias a los propios revolucionarios, imposición radical de las ideas, y regiones enteras devastadas, como la Vendée, simplemente por defender la fe católica. Aquello acabó con el Atila de Napoleón: arrasando Europa, saqueando y sembrando muerte y destrucción; que supuso en España un retroceso de varias décadas en el PIB.

El acceso al poder de Hitler mediante elecciones, el permitir que terroristas accedan a puestos de responsabilidad social o política, o la publicación de falsedades en el mundo digital; son otros ejemplos de resultados perniciosos de la tolerancia mal entendida. ¿Entonces hay que coartar la tolerancia y el derecho a opinar y hacer lo que se quiera? ¿Dónde está pues el error?

Existen quizá dos claves útiles para navegar por el difuso término de la tolerancia.

La primera es diferenciar claramente a las personas de las acciones que ellas realizan. No es lo mismo la persona que lo que ella hace, dice o piensa. Una misma persona puede llevar a cabo acciones de distinto signo; un ladrón puede cuidar a una madre. Esa separación nos permite ver a la persona de otra manera. Desde una perspectiva cristiana hay que amar al prójimo, a todos; desde una perspectiva de pensamiento, que bebe de la anterior, el humanismo cristiano nos subraya la dignidad absoluta de todas las personas, de cada una de ellas. Ello conlleva el respeto a cada una de las personas y a todas ellas. Un respeto innegociable. Respeto independiente de lo que diga u opine. Partiendo de lo anterior, se pisa un terreno más firme, sabiendo que cada persona independientemente de sus opiniones y de sus acciones tiene una dignidad en cuanto a tal, de la que ni ella misma puede desprenderse. Es algo muy superior a una mera tolerancia, es algo que nos reviste de dignidad ya de partida a todos por el mero hecho de ser personas.

Separamos la persona de sus acciones. Diferente es, por tanto, lo que cada uno de nosotros hace. Nuestras acciones y nuestras opiniones. Éstas no tienen ningún manto a priori de dignidad ni de bondad.

La segunda clave, se centra en lo que las personas hacemos o pensamos y pasa necesariamente por la verdad. Si nos aferramos al nihilismo, la verdad no existe; y si nos aferramos al relativismo, la verdad depende. La consecuencia es que cada uno defiende su verdad y partiendo de ella puede hacer lo que quiera. Tu puedes hacer lo que quieras y yo también. No existe ni el bien, ni lo bueno, ni lo bello, ni lo justo. ¿Dónde acabamos? En la ley del más fuerte, del menos escrupuloso, del menos tolerante. La tolerancia extrema acaba en la

intolerancia extrema y en la muerte del débil. Innumerables son los casos: se tolera al partido nazi y se acaba con los judíos; se tolera el comunismo y se acaba en los gulags.

La realidad es la que es: lo blanco es blanco y el asesinato está mal. Es decir la verdad existe y es la correspondencia de la idea con la realidad. Otra cosa es que en muchas ocasiones nos es difícil encontrarla porque se nos emborrona. Saber que existe la verdad, aunque nos cueste descubrirla, nos permite navegar por el ambiguo término de la tolerancia. Nos permite tener referencias a las que sujetarnos. Así, no es tolerable el dopaje deportivo porque convierte en mentira el resultado. Te respeto como persona, pero si quieres matar a mi hija la debo defender aun pegándote; respeto a la persona pero no respeto su acción. Por otra parte, una vez alineado con la verdad, el respeto al obrar ajeno debería ir en doble dirección convirtiéndose en respeto mutuo. Se convierte así en elemento constructivo de la sociedad.

Aplicado a las sociedades políticas, Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, desarrolló la teoría de la guerra justa y la intolerancia frente a la agresión.

Es decir, partiendo de las dos claves anteriores, ante un indiscriminado “hay que tolerar a todos” mezclando a las personas con lo que ellas dicen, hacen o piensan; podemos proponer un “todos tienen una dignidad absoluta y son únicos y por ello han de ser profundamente respetados” y, además, “lo que cada persona, o conjunto de personas, hace, dice o piensa puede ser respetable, pero no necesariamente lo es”.

Editorial: Aborto y Objeción de Conciencia

En los últimos meses la señora Ministra de Sanidad Mónica García está insistiendo en el compromiso claro y nítido de su ministerio, es decir, del Estado, con el aborto. Su aspiración remota es blindarlo en la Constitución, la inmediata es restringir y controlar el derecho a la objeción de conciencia. Lo cual, por cierto, comparte el actual Tribunal Constitucional, que en una reciente sentencia (la 44/2023) ha dicho que la objeción de conciencia al aborto «debe interpretarse de una forma estricta». Pero resulta que hay realidades que no son por el Estado ni para el Estado, que quedan fuera del Estado, como son las verdades matemáticas, las de la física cuántica… y la propia conciencia. Sí, todos tenemos nuestra conciencia, que es nuestra, no del Estado, lo reconoce la Propia Constitución en sus artículos 20 y 30. Gracias a ella sabemos por nosotros mismos (no porque nos lo diga el Código Penal) que matar a un ser humano es malo, no bueno; y quienes conocemos qué es realmente el cigoto y el embrión (biológicamente, no según los criterios del Poder), sabemos también que es malo tanto si ya ha nacido como si está por nacer. Resulta, además, que esa conciencia ¡es libre! Lo proclama la Constitución en sus artículos 15 y 16 al consagrar los derechos fundamentales (auténticos, no ficticios) a la integridad moral y a la libertad ideológica de todos y cada uno de nosotros. Esa es la razón por la que el Poder debe respetar la conciencia de todos, y podemos objetar ante leyes que nos obligan a actuar contra la propia conciencia.

Frente a ello, las recientes leyes sobre el aborto y la eutanasia ya maltratan la objeción de conciencia: la conceden sólo a los sanitarios «directamente implicados», cuando hay muchos otros (por ejemplo, en Indiana se concede a quienes preparan el instrumental); debe manifestarse «individualmente», lo cual impide a una institución defender la vida y se opone a la Resolución del Consejo de Europa de 7 de octubre de 2010; y, como colofón, la objeción «debe manifestarse anticipadamente y por escrito», que se inscribirá en un «registro de personas objetoras de conciencia» (así le llaman), señalando así como si fueran delincuentes fiscales a quienes en conciencia no quieren participar, cuando lo lógico sería que se registrasen quienes estén dispuestos a matar al feto o al paciente adulto.

Señora Ministra, ilustres Magistrados Constitucionales: no es misión del Estado imponer un sistema matemático o combatir la física cuántica, y tampoco lo es ahogar las conciencias de quienes han hecho el juramento del primer médico científico, que fue Hipócrates (no mataré a nadie aunque me lo pida, dice). No restrinjan ni controlen la objeción, al contrario, apuesten por la libertad. ¿No hay un ministerio de igualdad?, ¿por qué no otro de libertad, que es el primer valor superior que propugna nuestra Constitución en su artículo uno? Los sanitarios, todos, tienen un ámbito íntimo de libertad de conciencia, un reducto que es suyo. ¿No ven que sus derechos fundamentales a la integridad moral y a la libertad ideológica sólo están limitados por el orden público protegido por la ley?, lo dice artículo 16 de la Constitución. No hay otro límite. Un artificial derecho a abortar no contenido en la Constitución (al contrario, consagra el derecho a la vida en su artículo 15), no puede hacer que una parte significativa de ciudadanos sea obligada a obrar contra sus más íntimas convicciones. ¿No ven que eso convierte al Estado en un Estado Paternalista que nos trata como niños menores de edad? Frente a la coacción libertad, defendamos la libertad de conciencia como hizo Tomás Moro.

Aula Política Joven

El consejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras, Jorge Rodrigo, ha mantenido este miércoles un encuentro con jóvenes universitarios para abordar con ellos sus problemas para emanciparse y las políticas que está llevando a cabo la Comunidad de Madrid para ayudarles.
En este sentido, el consejero ha explicado en esta charla coloquio, organizada por el Aula Joven del Instituto CEU de Estudios de la Democracia y que se ha celebrado en el Colegio Mayor San Pablo CEU, algunas de las principales líneas de actuaciones como son el plan Mi Primera Vivienda, un proyecto que «favorece el acceso a una hipoteca a los madrileños que no superen los 35 años». Además, ha recordado que este plan, en el que participan siete entidades bancarias, cuenta con nuevos incentivos que amplían la financiación del 95 % al 100 % e incrementa el límite de edad a los 40.
Esta es la tercera sesión del Aula Joven de nuestro Instituto, que celebrará su próxima sesión a finales de abril.

Inicio del curso 2023-2024. Aula Política

Un año más iniciamos un nuevo curso en el Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia. Muy preocupados por el momento político, pero esperanzados en poder aportar algo a la solución de los problemas de nuestra Patria.

Nuestra ponencia inaugural correrá a cargo de la Cofundadora del partido Unión, Progreso y Democracia, Rosa Díez González, con el título: “España no tiene quien la nombre. Nos descuidamos y pasó”.

La sesión será el 10 de octubre a las 19:00h, en el Salón de Actos del Colegio Mayor Universitario San Pablo, (C/ Isaac Peral nº 58).

FORO HUMANISMO Y POSHUMANISMO

DOS COSMOVISIONES ANTOLÓGICAS

1. – HUMANISMO: LA CULTURA DE LAS TRES COLINAS

El Gólgota: El Cristianismo La Acrópolis: La Filosofía El Capitolio: El Derecho

– POSHUMANISMO: LA CONTRACULTURA DE LAS TRES CAVERNAS

El Nihilismo: La imposibilidad de conocer la verdad.
El relativismo moral: La validez de todas las concepciones morales.
El identitarismo excluyente: La sustitución de la identidad personal, la que nos hace únicos, por la de pertenencia a un colectivo excluyente.

– La Civilización se ha desarrollado sobre la base humanista, consagrando las libertades y derechos individuales como propios de la dignidad ontológica del ser humano y ha progresado aplicando la ecuación:

PROGRESO = LIBERTAD + RESPONSABILIDAD + CREATIVIDAD + RIESGO

– El Poshumanismo conlleva:
. Restricción de las libertades individuales
. Abolición de la ética de la responsabilidad . Freno a la creatividad
. Desincentivación del riesgo

– El Poshumanismo impide el progreso individual y social, por lo que es incompatible con la sociedad del conocimiento, la única que nos abre la senda de la consolidación de la Civilización y de su futuro.

2. POSHUMANISMO, TOTALITARISMO Y ÉLITES GLOBALES

– La Civilización construida sobre la cosmovisión humanista ha producido una extraordinaria evolución cuanticualitativa, de forma directa en los países democráticos e indirecta en países con regímenes autoritarios o totalitarios:

. Crecimiento exponencial de la población mundial, frenada por el auge del Posthumanismo que propugna el aborto y el descarte de la natalidad.
. Culturización de la población mediante el acceso generalizado a la educación.

. Extraordinario desarrollo económico que ha dado lugar a unas clases medias mayoritarias.
. La estructura organizativa piramidal está siendo sustituida por sistemas en red.

. Socialización centrada en las megalópolis.

– Esa acelerada evolución se ha producido en un nuevo marco económico, tecnológico y geopolítico:

. Hipertrofia del gasto público.
. Endeudamiento público y privado inasumible.
. Deslocalización y dispersión de la producción.
. Logística internacional especialmente vulnerable.
. Eclosión generalizada de las TICs, Tecnologías de la Información y la Comunicación.
. Globalización / Generalización del libre mercado.
. Fracaso del uso de la fuerza militar en los conflictos regionales.
. Irrupción del meteoro chino en el tablero geoestratégico mundial.
. Emigraciones masivas.
. Nuevo mapa energético y nuevas materias primas.
. Creciente supeditación de los estados – nación a una jerarquía globalista autoritaria.

– La pujanza de las sociedades de ciudadanos libres e iguales o con crecientes aspiraciones a serlo, ha puesto en peligro el poder de las élites

oligárquicas globales, que están reaccionando con la adopción de una estrategia de implementación de la cosmovisión poshumanista, instrumentada a través de la ideología totalitaria neocomunista. De esa forma se configura una connivencia a escala mundial entre los grandes poderes económico-políticos, que supeditan el antagonismo ideológico al colaboracionismo contracultural.

3. LA DISTOPÍA POSHUMANISTA

Con el fin de conseguir la hegemonía de la cosmovisión Poshumanista, las élites globalistas han generado una batalla cultural sustentada en una proposición contracultural tan irracional como contradictoria en términos, por lo que, tarde o temprano, esa batalla está abocada al fracaso:

. El nihilismo es absolutamente incoherente con la imposición de lo “políticamente correcto”.

. Unas élites que suprimen la libertad intelectual se están negando el progreso en todos los órdenes, por lo que están renunciando a su propio futuro.

. El proceso de sustitución de la persona con sus libertades y derechos por el de pertenencia a un colectivo predeterminado, al que se le otorgan privilegios discriminatorios, choca frontalmente con la necesidad innata de la persona de realizarse como tal y no como perteneciente a un colectivo.

. El asalto a las libertades individuales comporta la sustitución de la meritocracia y el pluralismo por la “diversocracia” y la “cancelación”.

. Las políticas contraculturales terminan cercenando el desarrollo cultural, científico, tecnológico y económico, por lo que el sistema que las adopta está abocado a su implosión.

José Amengual
Madrid, diciembre 2021

Ya están disponibles los ganadores del Premio Grupo Tácito

04/20/2021 |

La Segunda Edición del Premio Grupo Tácito, ha dejado los siguientes ganadores:

Para más información siga leyendo en el apartado de Premio Grupo Tácito

 

Efectos de la Leyenda Negra en la Intrahistoria particular de los españoles

03/30/2021 |

Por Carlos Baltés

No nos referimos ahora a la Grande Historia de la Nación Española en su conjunto ni a los efectos que la denominada Leyenda Negra produce sobre nuestra historia nacional, nuestro papel en el mundo y nuestra propia reputación. Como tampoco en la consideración externa de nuestra cultura y nuestra ciencia, de nuestro arte y nuestras costumbres, sino que nos referiremos exclusivamente a los efectos directos    sobre las personas, sobre los españoles como individuos, tiene la mencionada leyenda a través de la visión que, sobre su idiosincrasia, su valía, su imagen, sus posibilidades personales, sus defectos y virtudes, tienen en el Exterior. En definitiva, de todo aquello que constituye su intrahistoria personal. En efecto, el término intrahistoria según la Real Academia Española es una voz introducida por Miguel de Unamuno para referirse a la vida individual, que se constituye en un sumando que, agregado a otros, dará lugar a la historia más visible, a la grande historia. Distinguía este pensador la Historia oficial y los titulares de prensa por un lado, y la Intrahistoria por otro, de forma que esta última estaba constituida por todo aquello que, ocurriendo realmente, no llegaban a publicar los periódicos. Son, pues, los avatares particulares de nuestros nacionales los que señalaremos aquí estableciendo las limitaciones y dificultades actuales que, a nuestro juicio, se pueden encontrar los españoles -ellos y ellas-, derivadas de la existencia de la leyenda negra sobre España en el mundo globalizado de hoy. 

          Empecemos por las denominaciones –tan importantes- a modo de ejemplo general. Iberoamérica no es considerada por los organismos internacionales como pertenecientes al llamado “Mundo Occidental”, de forma que los países hispanoaméricanos no forman parte de “Occidente”, y me consta que en el Real Instituto Elcano, el importante think tanknacional, les duele esta asignación impropia, pero tienen que convivir con esta nomenclatura internacional en sus estudios y en la relación con sus colegas extranjeros. Esta situación concreta es una muestra más de los efectos de la leyenda negra sobre lo español en general. Y precisamente porque existe una interrelación entre la gran historia y la intrahistoria individual se expulsa a todo lo hispánico de su lugar natural. De esta manera los naturales de estos países pierden su verdadero nombre y su origen. Son conocidos generalmente como latinoamericanos y además no forman parte del Occidente. De forma que su realidad queda desvirtuada. No olvidemos que nombrar es fundamental.          Acerquémonos a estas cuestiones paulatinamente. Las tres naves españolas que llegaron a las Indias -así nombró oficialmente la Administración española a las tierras descubiertas- al frente de Cristóbal Colón y los dos Hermanos Pinzón no recibieron el nombre de éstos como merecidamente se lo habían ganado. Obsérvese el relato final de esta exploración heroica y transcendental. Al Continente descubierto se le llama América, gracias al viajero italiano Américo Vespuccio, que visitó el Nuevo Mundo por primera vez en 1499, acompañando al gran Alonso de Ojeda, que partió de Cádiz con sus naves. Vespuccio narró sus viajes con los españoles con amenidad y su obra se tradujo a diferentes idiomas europeos dándole una gran popularidad, de forma que el cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller denominó “América”, en el mapamundi que acompañaba a una obra suya, al continente descubierto por Colón, y así quedó todo consumado. No se denominó al nuevo continente ni “Nueva España” por la nación descubridora, ni “Colombia” -sólo el actual país de este nombre le hizo el honor- por el navegante jefe de la expedición. ¡No, se le llamó América! Y para siempre.

          Sigamos con los efectos negrolegendarios sobre las personas. A veces, en determinadas exposiciones contemporáneas sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo no se dice: Cuando los españoles descubrieron América…, por ejemplo, sino “cuando los europeos llegaron a las costas americanas…”; no hay precisión cuando no se quiere. De igual forma, se celebra el 12 de Octubre de cada año(1) en Nueva York el “Columbus Day” en recuerdo del Descubrimiento. “Naturalmente” es una fiesta… ¡italiana!, no podía ser de otra manera. La palabra “español/a” está proscrita en muchos lugares; por ejemplo, los términos “Hispanoamérica” o “Iberoamérica” están sustituidos, en España y fuera de España, por “Latinoamérica”, como ya se ha señalado, y allí ni se habla latín, ni todos son descendientes de latinos. La voz “hispano”, ¡qué extraño!, sí ha quedado vigente sólo para denominar a los pobres “espaldas mojadas” que reptan miserablemente por las orillas del Río Grande en busca del sueño americano… Por el contrario, cuando se ponen de moda determinados ritmos musicales, y todo el mundo los baila, se les denominan en los medios de comunicación internacionales como ritmos latinos. En fin, es la oscura tinta del calamar que oculta lo que quiere.

           Es evidente que la posición geográfica que ocupa España exige una política de defensa y seguridad autónomas, pues se encuentra situada en medio de intereses internacionales geoestratégicos muy importantes que exigen un poder de disuasión suficiente que garantice una seguridad nacional autónoma. Así lo pensaron los dirigentes políticos del pasado siglo, de forma que a mediados de los años 60 se llevaron a cabo las acciones necesarias para la posesión del arma nuclear. A través del “Proyecto Islero” se encauzó esta política, que ya en 1973 estaba muy avanzada. Por entonces presidía el gobierno de España el almirante Carrero, quien recibió en una visita a Henry Kissinger, secretario de estado de los Estados Unidos. A lo largo de la conversación se comentó por parte de Carrero la idea que tenía el gobierno español de poseer el arma nuclear dadas las circunstancias de aquella época, y le manifestó al Sr. Kissinger que este proyecto protegería al pueblo español y haría de España un país más importante. La contestación de Kissinger fue taxativa: “Es que España cuando ha sido importante ha sido muy peligrosa”. Cabe mayor evidencia de lo que es un efecto negrolegendario. La frase de Kissinger es muy relevante, negando al presidente español de entonces un derecho de defensa autónomo y suficiente para España. Posteriormente a esta conversación Henry Kissinger partió de España, Carrero fue asesinado, el “Proyecto Islero” fue enterrado, y más tarde, en 1987, España firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear.          

          El idioma español es casi la única lengua que distingue dos acepciones muy diferentes de la palabra “Ilusión”. Una primera acepción de esta palabra según la Real Academia Española, es: “un estado feliz y esperanzado del ánimo para acometer una determinada acción”, y, alternativamente, presenta otra acepción: “un engaño de los sentidos que lleva a una visión falsa o irreal de las cosas”. Pues bien, con la segunda de las acepciones hemos vivido y tenemos que vivir los españoles merced a los efectos negrolegendarios. La leyenda negra ha tratado de convencernos de que la Conquista y Civilización de América fue sólo… una ilusión según la segunda acepción. Pero hay más ilusiones de este tipo. Por ejemplo, la Historia y la Cultura españolas es algo que raramente se pueden compartir con extranjeros de nuestra propia tradición occidental. España y los españoles apenas existen para ellos; se comprueba que no es que desconozcan nuestra entera realidad, es que existe una absoluta ignorancia de lo español, y si hablan de ello en alguna rara ocasión lo muestran desvirtuado e irreconocible. No saben nada, ni del presente ni del grandioso pasado en el cual nuestro país fue rector de la Historia. Fue el primer Imperio Universal. Para ellos, culturalmente, el Egipcio Faraónico, un espacio pequeño y desaparecido hace más de dos mil años, se encuentra más presente en nuestro mundo que España, que fue un imperio hegemónico en el orbe hace poco más de doscientos años. Y si se habla de imperios, se mencionan el de Alejandro Magno, con su excursión asiática que duró apenas tres lustros, y por supuesto, también se habla largo y tendido del imperio romano y con razón. También se mencionan habitualmente otros imperios como el persa, el de Attila, el de Genghis Khan, y el imperio Otomano, pero tras ellos se pasa directamente al imperio británico, saltándose más de 300 años, que en su mentalidad aparecen libres de imperios. Sí, los efectos de la leyenda negra nos hacen sufrir una “ilusión”, según la segunda acepción, sobre nuestra historia a cada uno de los españoles al hablar con extranjeros, al leer sus periódicos y libros, al ver sus reportajes y documentales televisivos sobre temas diversos en donde lo español está cegado. Somos una nación sin reflejo en la historia a la vista del conocimiento que muestran muchos extranjeros sobre ella, y cuando aparece reflejada, lo hace sobre un espejo que muestra unas imágenes tan distorsionadas y esperpénticas que nos dejan perplejos.

          El panorama español según lo presentan muchos medios de comunicación foráneos es tan parcial y desinformado que es preferible evitar su lectura o visión para no alcanzar grandes dosis de estupor e indignación.          También el cine, ese importante medio de influencia social que el mundo anglosajón domina como nadie, y que le permite reescribir positivamente sus propias historias a su gusto e interés particular, y que, a veces, aprovechan para reescribir la española según el estereotipo establecido siguiendo el canon que han impuesto. Y decimos a veces, porque lo normal para el caso español es el velado sistemático cuando no la distorsión. Piensen cuántas ocasiones aparecen cinematográficamente los imperios asiáticos que hemos mencionado antes y, además, distinguiéndoles con papeles protagonistas épicos y hasta con cierto respeto estético. Por el contrario, no verán ustedes nunca un episodio sobre el Imperio Español con la grandeza propia del imperio más longevo de la historia después de Imperio Romano, pero mucho más grande. A lo sumo verán aparecer un supuesto y desconocido “virrey” bastante moreno y con el cabello acaracolado. Otro ejemplo sintomático: Hace muchos años –era yo muy jovencito- vi una película de John Huston, La Reina de África, con Humphrey Bogart y Katharine Hepburn. En ella Bogart mencionaba tangencialmente a España como “ese pequeño país”; me quedé perplejo al oír aquel comentario, no lo entendía, ¿cómo podía calificar así a España? Pasado el tiempo lo entendí perfectamente. 

          Y es que el cine, el llamado Séptimo Arte es, además, una industria y, sobre todo a nuestros efectos, uno de los poderes blandos más efectivos de un país.  El cine, pues, es un potente creador de imágenes positivas y de prestigio de la nación que lo produce. Quién posee una gran industria cinematográfica gana dinero con ella y, además, influye en la opinión social internacional, exporta ideología y modelos de vida, señala cánones, mueve voluntades, prestigia o desprestigia a voluntad, marca tendencias, reescribe el pasado, explica y puntualiza el presente y hasta establece el futuro. Es el cine una poderosa máquina de propaganda y de fijar la Verdad, es decir, su verdad. Pues bien, el cine autóctono no ha prestado en España ningún servicio contra la leyenda negra española, al contrario muchas veces ha ido a favor de ella. Bien es verdad que nuestro cine se ha encontrado con una  historia nacional de enormes proporciones y pletórica de épica, y, como es conocido,  cuando no se sabe manejar la grandeza queda siempre el recurso del frío plato del “costumbrismo”. Sin embargo, nuestro país ha tenido que sufrir el desprestigio que el cine foráneo se ha encargado de imponer sobre nosotros; eso sí, las pocas veces que ha rozado un tema español. Por otro lado, ese cine internacional  ha contratado escasas veces a actores españoles –fuera de coproducciones o de rodajes realizados en España- y siempre para personajes carentes de verdadero carácter y sin lucimiento ninguno. Comentaré que en la famosa película “Desayuno con diamantes” aparece un apuesto actor español, José Luis de Vilallonga; pues bien, lo convierten en un millonario brasileño, y en los títulos de crédito le quitan su nombre propio y aparece simplemente como Vilallonga. Todo muy sutil, pero efectivo: ¡Nunca nada español! Si no existieran los efectos negrolegendarios, las actrices y los actores españoles serían contratados como tales e indudablemente serían mejor pagados porque tendrían acceso a mejores papeles y ganarían más premios y reconocimientos.

        Si nos fijamos en el mundo de la literatura, se observan igualmente los efectos negrolegendarios, pues poseyendo el segundo idioma más hablado del mundo -un idioma “supercentral” hoy, y que fue el idioma “hipercentral” en el pasado, según las clasificaciones técnicas sobre las lenguas del mundo- y la más elevada literatura de la historia, no se reconocen a los grandes autores del pasado y casi ni se les nombra. Ahí tenemos el caso del recientemente fallecido crítico estadounidense, emigrado de Rusia y de origen judío, Harold Bloom, el hacedor de cánones, que solventa a Cervantes con dos páginas y le dedica 36 a Hemingway. Evidentemente, si los escritores españoles contemporáneos tuvieran debidamente reconocida la estirpe literaria de la que proceden tendrían mayor mercado y se les prestarían más atención.          En el mundo del arte ocurre algo parecido. Además de Velázquez, Murillo, Goya y Picasso hay todo un mundo del máximo interés que debe ser reconocido, pues no en vano España posee el segundo patrimonio histórico-artístico del mundo, sólo superado por Italia. Pero los efectos negrolegendarios están también presentes para desconocer y velar ese patrimonio magnífico. Ahí aparece también Kenneth Clark, un británico, que en su historia de la civilización y del espíritu europeo, presentada en libro y en televisión, desconoce absolutamente el nombre de España; exactamente ni la nombra. ¡Y ese libro se vende en nuestro país!

         Dentro del mundo del arte y de la historia existe un verdadero paradigma de lo que es un efecto negrolegendario sobre España y todo lo español. Les hablaré de tres estudiantes que coincidieron en la Universidad de Alcalá de Henares durante los primeros años de la década de 1560. Ellos eran Don Carlos, hijo y heredero del rey Felipe II, su tío Don Juan de Austria y su primo Don Alejandro Farnesio. Los tres alegres estudiantes de Alcalá estaban destinados por su cuna a dirigir un imperio. Pero no todos alcanzaron la gloria a la que estaban destinados. Don Carlos, a través de una vida de excesos y sinrazón, vio como llegaba la muerte en plena juventud en el caluroso verano de 1568. Los otros dos jóvenes sí cumplieron sus destinos previsibles. Don Juan conoció “la más alta ocasión que vieron los siglos” como almirante general de las Escuadras de la Liga Santa que alcanzaron la victoria en la Batalla de Lepanto contra la marina otomama, y asimismo fue general de los Tercios y gobernador de Flandes, de forma que la muerte le alcanzó después de la gloria, en 1578. Por último, su sobrino, Don Alejandro, duque de Parma, también siguió el camino de Don Juan de Austria tanto en Lepanto como en la Gobernación de los Países Bajos españoles, convirtiéndose en el estratega político y militar más importante de su tiempo. Murió el duque de Parma en 1592 envuelto en la admiración de sus ejércitos, rendidos ante su genio militar y su bravura personal en el combate, lo que le llevó a recibir el apelativo del “Rayo de la Guerra”. 

          En definitiva, dos vidas gloriosas para los dos últimos y un triste destino vital para el primero. Sin embargo, Don Carlos, el hijo de Felipe II, se encuentra mucho más presente en nuestro tiempo a nivel mundial que los otros dos héroes de la guerra y el honor. ¿Cómo ha sido esto posible? Pues gracias a la inspiración artística de Verdi, con su ópera “Don Carlos”, y de Schiller, con su drama de igual nombre. Eso sí, el italiano y el alemán tuvieron que establecer el argumento y el desarrollo de la vida de Don Carlos, que le harían inmortal, mojando su pluma en la turbia atmósfera sofocante y desvirtuada de la leyenda negra española.          Es conocido el hecho que los reconocimientos internacionales en las “ciencias duras”, si bien sobre una base indiscutible de méritos constatados y contrastados suficientemente, dependen en última instancia de decisiones subjetivas. ¿Por qué se quedaron en el pasado a las puertas del Nobel científicos españoles como Blas Cabrera, Pío de Río-Hortega, Arturo Duperier, Jaime Ferrán, José Gómez Ocaña o Augusto Pi i Sunyer? ¿O qué pasará con Manuel Arellano que lleva ya dos nominaciones al Nobel de Economía entre los años 2018 y 2019? Esperemos, por su bien, que los efectos negrolegendarios que están presentes en el inconsciente colectivo de más allá de los Pirineos, queden por una vez desactivados. Pero, ¿Y el caso de Cajal al concedérsele el Nobel? Aquello fue un caso extraordinario en todos los sentidos, porque Cajal sigue siendo el científico más citado en las revistas más prestigiosas después de Einstein, y tras llevar muerto casi noventa años.

Dejemos las “ciencias duras” y vayamos a los “poderes blandos” de un país entre los cuales destacan los grandes deportes de competición. El mundo del deporte, siendo un acontecimiento de gran importancia sociológica y política en nuestro tiempo, forma parte también de la “intrahistoria” de los que lo viven profesionalmente y en la de los que lo siguen con pasión. También aquí juega la leyenda negra cuando puede. Cierto es que cuando el triunfo se alcanza través de un cómputo cuantitativo, el resultado es indiscutible. ¡Y ahí, a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga! Pero cuando lo cuantitativo no juega sino que son las apreciaciones cualitativas -y por tanto subjetivas- las que imperan, las puertas de los galardones se cierran para los españoles. Un ejemplo. El futbol español ha reinado absolutamente durante una década. Ha ganado todas las más importantes competiciones del mundo tanto en Selecciones Nacionales como en Clubes. Pues bien, ¿cuántos premios individuales “Balón de Oro” o “Bota de Oro” ha ganado? ¡Ninguno! Y es que en estos galardones es la decisión subjetiva de los otorgantes de los premios la que impera. Así de claro es y teniendo jugadores, además, de la calidad de Andrés Iniesta, Xavi Hernández o Sergio Ramos, entre otros. 

          Y es que en las vidas personales se advierte que la igualdad de oportunidades que debe darse, los méritos exigidos para el acceso a puestos de trabajo o para alcanzar determinados papeles en nuestro mundo globalizado, los españoles necesitan ofrecer un siempre “plus” para ganar, triunfar o alcanzar el prestigio que no necesitan mostrar otros nacionales del mundo occidental. Ese “plus” es el peaje que hay que pagar por el sambenito de que España y los españoles actuales somos los herederos de un país anómalo y pintoresco dentro de Europa; aunque tan grande y tan glorioso en el pasado  -añadiré yo- que despertó la envidia y la ira de los que querían disputarle su hegemonía. Por ello sus enemigos desvirtuaron la realidad española y la sembraron a través de la propaganda de mentiras y calumnias que siempre quedan. Esa atmósfera errónea y mal intencionada caló en las mentes de sus nacionales y fue traspasándose poco a poco de los panfletos y los libelos hasta a los libros de historia y también a la sociología popular. Pero el mayor mal es que esa carga pesada y falsa fue asumida por una gran parte de los españoles que equivocadamente la hicieron suya. Bien. Esta es la cuestión que subrepticiamente empapa y ciega la vida de los españoles, aunque haya algunos que la niegan o no la ven. En cualquier caso sería bueno terminar de una vez con este estado de cosas. No podemos seguir pagando billete de primera para ir en tercera, como dice Roca Barea. Y esto es lo ocurre cada día en la vida de los españoles en general y de forma particular en aquellas profesiones y actividades relacionadas con el exterior como es el caso de los jueces, artistas, científicos, deportistas, funcionarios, empresarios y simples viajeros. También en la propia España se padece la herencia negrolegendaria, dónde se observan ciertos aires de superioridad y abusos inaceptables por parte de algunos turistas que nos visitan. El método para acabar con esta situación está inventado ya, y consiste en desarrollar y dar un mayor conocimiento y difusión de los denominados “Poderes Blandos” de España; aquellos que promueven un incremento del prestigio y la reputación de nuestro país, es decir: la Cultura, la Historia verdadera, el Arte, el Pensamiento y el Conocimiento científico desarrollado a lo largo de los siglos, y también el mundo del Deporte, que tanto predicamento tiene en el mundo de hoy como hemos señalado antes. A su vez es preciso estructurar ese mensaje a través de las técnicas propias de nuestro tiempo, de forma que la acción contra los efectos negrolegendarios sea verdaderamente eficaz. Para ello se precisa patriotismo, inteligencia, voluntad y persistencia en la acción. De manera que, junto a las acciones públicas y la labor académica general, sean los propios españoles individualmente los que tomen conciencia de un problema que tanto les atañe, aunque no lo crean y, cambiando de actitud, se enfrenten a él. Los españoles de hoy deben querer volver a ser importantes en el mundo. Y ese querer es el principio imprescindible para derribar a leyenda negra. El prestigio colectivo de éxitos continuados en el presente ahogaría por fin a la terrible Hidra de Lerna moderna que ha limitado y perjudicado la vida de todos los españoles. 

          Una de las últimas manifestaciones antiespañolas -especialmente desarrolladas por periódicos y analistas internacionales, mayoritariamente anglosajones- nos situaban entre los “PIGS” por nuestra pobre economía y vida estabular sin empuje. Sin embargo, no nos miraron siempre así y es importante recordarlo aquí. Pondré algunos ejemplos; el primero, en el tiempo en que se estaba gestando la leyenda negra, y los siguientes cuando España ya había perdido el Imperio y transcurría por el camino de la irrelevancia:

  El cortesano y escritor francés Pierre de Bourdeille, señor de Brantôme, decía de los españoles en el siglo XVI: “Considerad, si os place, con quiénes fueron a equipararse (con los legionarios romanos) (sic)…Por las palabras de este soldado, vemos cómo los soldados españoles se han atribuido siempre la gloria de ser los mejores entre todas las naciones. Y, por cierto, no les falta base para tal opinión y confianza, porque a sus palabras les han acompañado los hechos. Pues son ellos los que en los últimos cien o ciento veinte años han conquistado, por su valor y su virtud, las Indias Occidentales y Orientales, que forman un mundo completo. Ellos que…” Y sigue Brantôme mostrando el ánimo y entereza de los españoles a lo largo del ancho mundo.

  El filósofo alemán, Arthur Schopenhauer nos ofrece otro ejemplo en el siglo XIX, cuando dice de los españoles: “Por eso son tan raras, y quizás no se encuentren más que entre los españoles (o a lo más entre los ingleses) las personas que no pierden la cabeza ni aun en las circunstancias más favorables para producir excitación. Estas personas analizan impertérritos el asunto, y mientras otros se hallarían fuera de sí, ellas formulan con mucho sosiego alguna pregunta nueva acerca del caso de que se trata.”

  El escritor americano Washington Irving, a mediados del siglo XIX, en su libro sobre el descubrimiento y la conquista de América describe así a los españoles: “Las extraordinarias obras y aventuras de estos hombres, además de rivalizar con las hazañas recogidas en las novelas de caballería, poseen el interés añadido de veracidad. Nos dejan admirados por la valentía y las cualidades heroicas inherentes en el carácter español que llevaron a esa nación a un punto tan elevado de poder y gloria”.

-El filósofo e historiador francés Hippolyte Taine escribe sobre los españoles en el siglo XIX: Hubo –dice Taine- un momento extraño y superior en la especie humana. De 1500 a 1700, España es acaso el país más interesante de la Tierra. -El último ejemplo procede de un inglés, el gran músico y musicólogo Philip Pickett, quien hablando hace pocos años de la música antigua española, señaló: “Siempre he sentido una gran atracción por esta música, que para mí es un perfecto reflejo de este pueblo. Tiene pasión, emoción, color, y es al mismo tiempo una música de gran sensibilidad, aristocrática. En ella encontramos a Don Quijote y Sancho Panza, el carácter fuerte de los españoles. No hay más que ver su pintura, su poesía, su arquitectura, su diseño actual, … y lo mismo ocurre con la música.” ¡Atendamos exclusivamente a lo que ha dicho Pickett sobre España, olvidando su vida particular! 

          He recogido estos ejemplos que muestran una positiva visión foránea sobre lo español, confirmando cómo la antigua grandeza de España no podría explicarse si no hubiese habido detrás un carácter nacional solvente, tenaz y reflexivo. También se resalta con ello, que lo que advirtieron algunos no quisieron reconocerlo ni admitirlo muchos. De esa negación a admitir la verdad nació la Leyenda Negra española.