La era digital encierra el peligro de radicalizar los mensajes políticos. Una democracia no puede subsistir cuando no existe una conversación política serena entre oponentes regida por la garantía de la libertad de expresión y menos si surgen en ella amenazas o invitaciones irresponsables a la violencia, que ridiculicen, descalifiquen o demonicen al adversario político. Cuando en una democracia se permite que las amenazas se conviertan en rutina se produce el riesgo de que lleven a la violencia y a la realidad satánica del asesinato político.
Muchas personas se hacen hoy adictas a las redes sociales y sufren en forma frecuente una disociación entre su personalidad real y lo que se empieza denominar la personalidad on-line o la personalidad digital. Esa nueva personalidad on-line puede llegar a suplantar la personalidad real del sujeto. El adicto digital busca lograr la máxima influencia en Instagram, en X, en Tic Toc o en los diferentes canales sociales, y ese intento le lleva a promover acciones que suelen destacar por su extremismo aunque sean violentas.
En el contexto de la era digital se observa que el nuevo rango social personal de los enganchados a las redes sociales empieza a estar influido por el rango on line, de la personalidad digital, que se mide por los seguidores que el adicto logre conseguir en los canales sociales. El resultado es un perverso «efecto rebaño» del adicto y de sus seguidores que polariza las sociedades democráticas tiende a dividirlas y centrifuga en ellas el debate político simplificándolo y estrechándolo hacia sus extremos.
Ese es el ejemplo que ofrece el asesinato dramático a sangre fría de Charlie Kirk el pasado 10 de septiembre de 2025, ante miles de personas, en el campus de una Universidad de Estados Unidos cuando ejercía en forma moderada, sosegada y pacífica su libertad de expresión, consagrada como «la libertad preferente» en la Primera Enmienda de su Constitución.
Su única arma era ofrecer un micrófono a los oponentes y discutir con ellos en paz. Kirk fue alcanzado por una bala pintada con el insulto de «fascista» disparada por un hombre de solo veintiún años que se había radicalizado en el odio del mensaje Antifa (de Antifascismo) y Trantifa (de antitransgénero) en solo dos años de permanencia en las redes sociales.
Muchas voces autorizadas afirman que Charlie Kirk —Charles J. Kirk—, que contaba treinta y un años en el momento de su atentado, habría llegado a ser en pocas décadas presidente de los Estados Unidos (M. Benz). Charlie Kirk era un hombre bueno y brillante, dotado de una oratoria extraordinaria y muy poco conocido en España. Creó desde los 18 años, la poderosa organización “turning point USA” (TPUSA) que en solo una década atrajo a un debate político pacífico a muchas decenas de miles de jóvenes de todas las universidades americanas. Defendía en forma vehemente y eficaz, pero siempre sosegada a y amigable, los valores religiosos cristianos, el matrimonio entre hombre y mujer, los hijos y la creación de una familia, lo que contrastaba en forma evidente con la ideología woke y transgénero dominante hasta entonces en forma acrítica en el mundo universitario norteamericano. El punto de inflexión lo ofreció “turning point”, al crear una contra voz que generó un debate intenso en la última elección presidencial de 2024.
La muerte de Kirk provocó la reacción de repulsa más importante por la muerte de un particular de la historia reciente de Estados Unidos. Innumerables grupos se reunieron por doquier para rezar en público, con frecuentes citas bíblicas y sentidos mensajes cristianos. Así ocurrió también en su funeral oficial, presenciado en directo por más de 100.000 personas y con cerca de 100 millones de espectadores conectados a en directo desde su inicio. Kirk recibió de los más altos representantes de los Estados Unidos los máximos honores que se conocen en esa democracia. Su viuda, Erika Kirk, anunció que iba a proseguir su labor y emocionó al perdonar allí públicamente, entre sollozos, al hombre que había asesinado a su marido, como hizo Jesús en la Cruz (Lc, 23, 33), porque, como dijo, los Evangelios contienen un mensaje de amor que obliga a que no se responda al odio con el odio.
Es monstruoso, sin embargo, que muchos de los oponentes hayan celebrado este asesinato con burlas y con la falsificación burda de las ideas de Charlie Kirk; se ha llegado a expresar júbilo en público por su muerte intentando que el silencio vuelva a reinar sin que nadie se atreva a usar en forma pacífica su libertad de expresión.
Pero el sistema ha cambiado para siempre y la conmoción en Estados Unidos ha sido y es inmensa. El punto de inflexión no se ha parado con la violencia y es de esperar en el futuro una conversación moderada entre contrarios, como es propio del campus de la Universidad.
Su Santidad el Papa León XIV, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, aprovechó para transmitir su pésame por el reciente asesinato de Charlie Kirk. El Sumo Pontífice subrayó que nuestras diferencias políticas nunca pueden resolverse con la violencia y transmitió al nuevo embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede que rezaba por la viuda de Kirk y por sus hijos.
Debemos tener presentes estos acontecimientos porque en el mundo global hay que evitar que se puedan repetir en cualquier parte y, por desgracia, han estado presentes en la historia reciente de España. La violencia pone en peligro la sensación de seguridad que es esencial para el debate político. La violencia surge cuando se demoniza la discordancia política diaria con palabras cargadas de odio. Esa clase de retórica lleva al desastre. Si los oponentes son nazis, fascistas o comunistas execrables, ¿importa asesinarlos?
La violencia política y su amenaza es una causa de la autocensura y nos debe llevar a reflexionar que tal vez sea necesario garantizar de futuro en nuestras Constituciones escritas que todo sistema democrático exige que subsista siempre en él un debate político entre todos los discrepantes que sea real, abierto y pacífico.

