Exposición itirenante: «Transición, España y Concordia»
Con esta exposición, presentamos un recorrido con las imágenes que han sido protagonistas de la Transición en España.
Comisarios: Álvaro de Diego y Cristina Barreiro Seguir leyendo…
Con esta exposición, presentamos un recorrido con las imágenes que han sido protagonistas de la Transición en España.
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El Instituto CEU de Estudios de la Democracia ha celebrado una nueva edición de los Premios al Mérito por España, otorgados por el Aula Política. Se reconoció la labor de la Vicaría III de la Archidiócesis de Valencia, en representación de todos los voluntarios que colaboraron en las zonas afectadas por la DANA; a Víctor García de la Concha, por su destacada labor al frente de la Real Academia Española en defensa y promoción del idioma español; y al Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada, en reconocimiento de los valores que transmite la Guardia Civil. Durante el acto, el presidente del Instituto, José Manuel Otero Novas, destacó que estos premios reflejan la vigencia del sacrificio, la generosidad y el heroísmo, y recordó la importancia de honrar a quienes contribuyen a engrandecer nuestra nación. También se entregaron los Premios Grupo Tácito de Ensayo para Jóvenes, y se puso en valor el Aula Joven como espacio de diálogo y compromiso con el presente y el futuro de España.
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La UE da la impresión de carecer de un plan estratégico y, por tanto, de la luz con la cual estos planes iluminan el camino cuando las cosas se complican. Buena parte de sus decisiones actuales parecen estar influenciadas por la guerra de Ucrania y por una cierta miopía acerca de debilidades estratégicas que tarde o temprano tendremos que enfrentar. Entre estas debilidades están la subordinación a los intereses de los EEUU y el enorme coste fiscal de todo lo producido en la UE.
Un ente dependiente no desarrolla estrategia porque esta le viene dictada. A su vez, un coste fiscal elevado no acompañado de ventajas tecnológicas diferenciales termina por desindustrializar – y empobrecer– a aquellas economías que los sufren.
La guerra de Ucrania, una cuestión coyuntural fruto de estrategias ajenas, se ha convertido en foco de decisiones con efectos graves para la UE. A su vez, la nula atención de Bruselas a los efectos de nuestros costes fiscales es causa de la deslocalización de empresas a otras geografías menos onerosas como los EEUU. Hoy importamos de los EEUU productos antes europeos como los BMW.
Mientras los presidentes Trump y Putin tratan de resolver la guerra de Ucrania y sus causas profundas, la UE y el Reino Unido parecen buscar el regreso al status quo anterior al golpe de estado de Maidan en 2014. Golpe que derribó a un Yanukovich elegido democráticamente e instauró un gobierno cuyos miembros fueron designados por Victoria Nuland, a la sazón Subsecretaria de Estado para Europa.
La posición de la UE sobre cuestiones como la devolución de Crimea y de los cuatro “oblasts” ganados hasta ahora por Rusia es tan irrealizable que apenas muestra el desinterés por una solución pactada y quizás el temor de que los EEUU y Rusia lleguen a un acuerdo directamente. Una posición que expondría la escasa relevancia de la UE y su condena para los próximos siglos a la enemistad con nuestro principal vecino. Riquísimo, enorme y poco poblado, por cierto.
Como decía Brzezinsky, el dominio de la masa terrestre euroasiática exige el control de Ucrania; un país anti ruso en su occidente y de lengua rusa en la parte oriental que ya está incorporada a Rusia. Ucrania — rica en recursos y grande en superficie para los estándares de la UE–, habría sido una preciadísima adición a la Unión Europea incluso sin sus depósitos de litio, cuya mayor parte está en territorios hoy ya controlados por Rusia. En el occidente de Ucrania, que incluye la histórica ciudad rusa de Odessa, tuvieron presencia Polonia, Hungría y Rumanía. Los registros de propiedad polacos mantienen los datos de varias ciudades de esta parte de la actual Ucrania.
En Marzo del 2022 Ucrania y Rusia llegaron en Turquía a un acuerdo que preservaba la integridad territorial de Ucrania a cambio de su no entrada en la OTAN. En aquel momento Boris Johnson, –otra vez el Reino Unido sembrando discordia– consiguió que Zelensky no lo rubricase tras serle prometida la ayuda militar y financiera necesaria. Hoy, en 2025, ya sabemos que Ucrania terminará perdiendo no menos del 25% de su territorio si acepta una estricta neutralidad militar. La alternativa es la ya probable pérdida de Odessa con graves efectos en la viabilidad de Ucrania. De momento Rusia no ha objetado a la entrada en la UE de lo que quede de Ucrania, pero es posible que el Kremlin termine dándose cuenta de que, hasta ahora, todo lo que entra en la UE termina siendo parte de la OTAN cuya razón de ser es, precisamente, Rusia.
Javier Solana al hablar de las primeras sanciones a Rusia, afirmó en 2022, que dicho “castigo” costaría a los ciudadanos comunitarios tres veces más que a los rusos. Tres años más tarde hay razones para pensar que se quedó corto porque la Sra. Von der Leyen está hoy exigiendo un incremento del 250% del presupuesto militar y la pérdida del control nacional sobre el mismo que pasaría a ser gestionado por una autoridad central. Ya sabemos que el 70% de las compras del primer presupuesto que se acerca al billón de euros sería de armas producidas por EEUU. Al río revuelto de los anuncios guerreros toda una revolución centralizadora se prepara en Europa.
Es decir, se aleja el escenario de un espacio europeo seguro y libre de amenazas para todos sus miembros. Algo bastante distinto de dos bloques enfrentados por diseño. Con cada expansión de la OTAN hacia el Este nuestros misiles se acercan a Moscú hasta quedar hoy a menos de 10 minutos. ¿Es razonable esperar que Rusia no reaccione a pesar de que su presupuesto militar no llega al 10% del de los EEUU y de la UE?
Estas y otras iniciativas de Bruselas no suelen ser objeto de discusión abierta y transparente, pero debieran serlo porque muestran las consecuencias de las decisiones políticas y cuestionan la misma continuidad de una UE cuyos ciudadanos y países retengan algún poder sobre la guerra y la paz. Hoy existe el claro riesgo de que estas decisiones se tomen por gentes no elegidas por los ciudadanos o, incluso, que sean tomadas por personajes ajenos a nosotros resultado de componendas desconocidas de la ciudadanía.
Junto a la cuestión de quién y cómo decide sobre la guerra y la paz existe otro problema importante. La deslocalización empresarial europea a los EEUU. Nadie puede sorprenderse de ella porque los costes fiscales son un poderoso factor de pérdida de competitividad y las empresas europeas están desplazándose a los EEUU y con subvenciones de Washington ya desde el mandato de Biden.
Así pues nos encontramos, casualmente, con una UE hostil hacia Rusia tras habernos vetado a nosotros mismos el acceso a los recursos y mercados rusos. El resultado es la no viabilidad de la industria alemana y de otras de menor entidad.
Esta pérdida de competitividad es tan evidente que hasta organismos de la ONU lo han resaltado. En efecto, el último informe de la OMPI mostraba que China duplicaba a los EEUU en solicitudes de patentes y otros registros de propiedad intelectual con un 40% de la actividad global. Japón, con un 10%, la mitad que Estados Unidos, ocupaba el tercer lugar y Corea del Sur, con un 6,7%, el cuarto. La Unión Europea, que entonces incluía al Reino Unido, era la quinta “potencia” con un 5,6%. Lo realmente chocante era que la UE tiene casi diez veces la población de Corea. Una grave situación desconocida del gran público.
Así las cosas es ilustrativo recordar los “grandes esfuerzos estratégicos” de la UE en los últimos 25 años:
El resto del mundo –incluyendo los EEUU—nos deja solos en estos “esfuerzos”. Si añadimos la mayor fiscalidad del mundo nuestro suicidio está servido. Recordemos que toda fiscalidad termina siendo otro coste del producto.
Por todo ello es imperativo un cambio estratégico muy importante si la UE quiere mirar hacia un futuro de progreso. Ello implica no solo buscar espacios de libertad y de autonomía crecientes. También hemos de revisar lo construido desde la dependencia estratégica así como las jerarquías políticas que sirvieron a la dependencia y que quizás no sean las necesarias para afrontar el futuro.
La palabra “tolerancia” engalana lemas escolares, proclamas políticas, bellos discursos y buenos propósitos. Algunos la utilizan porque suena bien, parece buena y es políticamente correcto utilizarla. Sin embargo, los mismos utilizan “tolerancia cero” unos renglones más abajo: “somos un colegio que promueve la tolerancia entre nuestros alumnos,(…) existe en el colegio tolerancia cero ante actitudes racistas”.
La tolerancia mal entendida ha llevado a situaciones paradójicas y bajo su bandera se han cometido actos brutales. ¿Dónde situar la tolerancia? ¿Realmente es un principio sólido?
La Revolución Francesa alardeaba de tolerancia, y nos traía a la mente las ideas de libertad e igualdad. Sin embargo, la Revolución Francesa fue cruel e intolerante hasta el extremo: terror, ejecuciones sin juicio, guillotinas, represalias a los propios revolucionarios, imposición radical de las ideas, y regiones enteras devastadas, como la Vendée, simplemente por defender la fe católica. Aquello acabó con el Atila de Napoleón: arrasando Europa, saqueando y sembrando muerte y destrucción; que supuso en España un retroceso de varias décadas en el PIB.
El acceso al poder de Hitler mediante elecciones, el permitir que terroristas accedan a puestos de responsabilidad social o política, o la publicación de falsedades en el mundo digital; son otros ejemplos de resultados perniciosos de la tolerancia mal entendida. ¿Entonces hay que coartar la tolerancia y el derecho a opinar y hacer lo que se quiera? ¿Dónde está pues el error?
Existen quizá dos claves útiles para navegar por el difuso término de la tolerancia.
La primera es diferenciar claramente a las personas de las acciones que ellas realizan. No es lo mismo la persona que lo que ella hace, dice o piensa. Una misma persona puede llevar a cabo acciones de distinto signo; un ladrón puede cuidar a una madre. Esa separación nos permite ver a la persona de otra manera. Desde una perspectiva cristiana hay que amar al prójimo, a todos; desde una perspectiva de pensamiento, que bebe de la anterior, el humanismo cristiano nos subraya la dignidad absoluta de todas las personas, de cada una de ellas. Ello conlleva el respeto a cada una de las personas y a todas ellas. Un respeto innegociable. Respeto independiente de lo que diga u opine. Partiendo de lo anterior, se pisa un terreno más firme, sabiendo que cada persona independientemente de sus opiniones y de sus acciones tiene una dignidad en cuanto a tal, de la que ni ella misma puede desprenderse. Es algo muy superior a una mera tolerancia, es algo que nos reviste de dignidad ya de partida a todos por el mero hecho de ser personas.
Separamos la persona de sus acciones. Diferente es, por tanto, lo que cada uno de nosotros hace. Nuestras acciones y nuestras opiniones. Éstas no tienen ningún manto a priori de dignidad ni de bondad.
La segunda clave, se centra en lo que las personas hacemos o pensamos y pasa necesariamente por la verdad. Si nos aferramos al nihilismo, la verdad no existe; y si nos aferramos al relativismo, la verdad depende. La consecuencia es que cada uno defiende su verdad y partiendo de ella puede hacer lo que quiera. Tu puedes hacer lo que quieras y yo también. No existe ni el bien, ni lo bueno, ni lo bello, ni lo justo. ¿Dónde acabamos? En la ley del más fuerte, del menos escrupuloso, del menos tolerante. La tolerancia extrema acaba en la
intolerancia extrema y en la muerte del débil. Innumerables son los casos: se tolera al partido nazi y se acaba con los judíos; se tolera el comunismo y se acaba en los gulags.
La realidad es la que es: lo blanco es blanco y el asesinato está mal. Es decir la verdad existe y es la correspondencia de la idea con la realidad. Otra cosa es que en muchas ocasiones nos es difícil encontrarla porque se nos emborrona. Saber que existe la verdad, aunque nos cueste descubrirla, nos permite navegar por el ambiguo término de la tolerancia. Nos permite tener referencias a las que sujetarnos. Así, no es tolerable el dopaje deportivo porque convierte en mentira el resultado. Te respeto como persona, pero si quieres matar a mi hija la debo defender aun pegándote; respeto a la persona pero no respeto su acción. Por otra parte, una vez alineado con la verdad, el respeto al obrar ajeno debería ir en doble dirección convirtiéndose en respeto mutuo. Se convierte así en elemento constructivo de la sociedad.
Aplicado a las sociedades políticas, Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, desarrolló la teoría de la guerra justa y la intolerancia frente a la agresión.
Es decir, partiendo de las dos claves anteriores, ante un indiscriminado “hay que tolerar a todos” mezclando a las personas con lo que ellas dicen, hacen o piensan; podemos proponer un “todos tienen una dignidad absoluta y son únicos y por ello han de ser profundamente respetados” y, además, “lo que cada persona, o conjunto de personas, hace, dice o piensa puede ser respetable, pero no necesariamente lo es”.
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