Por favor, dejen en paz la monarquía

Editorial

Enero

Estamos asistiendo a un proceso en el que, ciertos grupos intentan desmontar el Estado que nos ha permitido, no sólo muchos años de estabilidad institucional, sino un ejemplo de consenso modelo en la historia contemporánea de España.

El acoso y derribo a la Corona, forma parte de toda una estrategia. Las televisiones y demás medios de comunicación manejados por los que dirigen esta operación, hace tiempo que emiten todo tipo de informaciones, ridículas pero efectivas para sus intereses. Al otro lado no se observa ninguna reacción. Parece que no nos damos cuenta de lo que nos estamos jugando. La Monarquía es la piedra angular del Estado democrático, en este momento. Por eso el interés en demolerla. 

Don Felipe en su histórico discurso del 3 de octubre de 2017, tras el intento de golpe de Estado por parte de los representantes de éste en el gobierno de Cataluña, tuvo que instar al Gobierno para que pusiera los medios adecuados para una vuelta a la normalidad constitucional. Pero, además fue muy duro con los golpistas tachándoles de desleales por haber utilizado la confianza y medios del Estado, para volverse contra él. Y no sólo en ese momento del golpe, sino en los años que llevan educando en la confrontación con España a generaciones de catalanes.

¿Qué pretenden estos enterradores del orden constitucional?, pues eso llevarnos a un caos en el que se quiebre el mayor periodo de paz de la historia de España. No son demócratas, no creen en las libertades y sólo saben gobernar como pequeños dictadores, sin oposición. Pero una cosa si la saben bien, el poder de la comunicación para asaltar el sistema democrático y gobernar dictatorialmente, como en su momento hizo Hitler. 

En estos momentos, la democracia corre un serio peligro en España; y la Corona, repetimos, es la pieza clave que quieren que caiga a toda costa. Porque, interviniendo Felipe VI aquella tarde del 3 de octubre, muchos sentimos una sensación de alivio al oírle. Impresión muy parecida a la que recibimos tras el discurso de don Juan Carlos la noche del 23 de febrero de 1981.