Editorial:

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El blog de actualidad de la Escuela Internacional de Doctorado CEU

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Editorial: «¿Tolerancia?»

La palabra “tolerancia” engalana lemas escolares, proclamas políticas, bellos discursos y buenos propósitos. Algunos la utilizan porque suena bien, parece buena y es políticamente correcto utilizarla. Sin embargo, los mismos utilizan “tolerancia cero” unos renglones más abajo: “somos un colegio que promueve la tolerancia entre nuestros alumnos,(…) existe en el colegio tolerancia cero ante actitudes racistas”.

La tolerancia mal entendida ha llevado a situaciones paradójicas y bajo su bandera se han cometido actos brutales. ¿Dónde situar la tolerancia? ¿Realmente es un principio sólido?

La Revolución Francesa alardeaba de tolerancia, y nos traía a la mente las ideas de libertad e igualdad. Sin embargo, la Revolución Francesa fue cruel e intolerante hasta el extremo: terror, ejecuciones sin juicio, guillotinas, represalias a los propios revolucionarios, imposición radical de las ideas, y regiones enteras devastadas, como la Vendée, simplemente por defender la fe católica. Aquello acabó con el Atila de Napoleón: arrasando Europa, saqueando y sembrando muerte y destrucción; que supuso en España un retroceso de varias décadas en el PIB.

El acceso al poder de Hitler mediante elecciones, el permitir que terroristas accedan a puestos de responsabilidad social o política, o la publicación de falsedades en el mundo digital; son otros ejemplos de resultados perniciosos de la tolerancia mal entendida. ¿Entonces hay que coartar la tolerancia y el derecho a opinar y hacer lo que se quiera? ¿Dónde está pues el error?

Existen quizá dos claves útiles para navegar por el difuso término de la tolerancia.

La primera es diferenciar claramente a las personas de las acciones que ellas realizan. No es lo mismo la persona que lo que ella hace, dice o piensa. Una misma persona puede llevar a cabo acciones de distinto signo; un ladrón puede cuidar a una madre. Esa separación nos permite ver a la persona de otra manera. Desde una perspectiva cristiana hay que amar al prójimo, a todos; desde una perspectiva de pensamiento, que bebe de la anterior, el humanismo cristiano nos subraya la dignidad absoluta de todas las personas, de cada una de ellas. Ello conlleva el respeto a cada una de las personas y a todas ellas. Un respeto innegociable. Respeto independiente de lo que diga u opine. Partiendo de lo anterior, se pisa un terreno más firme, sabiendo que cada persona independientemente de sus opiniones y de sus acciones tiene una dignidad en cuanto a tal, de la que ni ella misma puede desprenderse. Es algo muy superior a una mera tolerancia, es algo que nos reviste de dignidad ya de partida a todos por el mero hecho de ser personas.

Separamos la persona de sus acciones. Diferente es, por tanto, lo que cada uno de nosotros hace. Nuestras acciones y nuestras opiniones. Éstas no tienen ningún manto a priori de dignidad ni de bondad.

La segunda clave, se centra en lo que las personas hacemos o pensamos y pasa necesariamente por la verdad. Si nos aferramos al nihilismo, la verdad no existe; y si nos aferramos al relativismo, la verdad depende. La consecuencia es que cada uno defiende su verdad y partiendo de ella puede hacer lo que quiera. Tu puedes hacer lo que quieras y yo también. No existe ni el bien, ni lo bueno, ni lo bello, ni lo justo. ¿Dónde acabamos? En la ley del más fuerte, del menos escrupuloso, del menos tolerante. La tolerancia extrema acaba en la

intolerancia extrema y en la muerte del débil. Innumerables son los casos: se tolera al partido nazi y se acaba con los judíos; se tolera el comunismo y se acaba en los gulags.

La realidad es la que es: lo blanco es blanco y el asesinato está mal. Es decir la verdad existe y es la correspondencia de la idea con la realidad. Otra cosa es que en muchas ocasiones nos es difícil encontrarla porque se nos emborrona. Saber que existe la verdad, aunque nos cueste descubrirla, nos permite navegar por el ambiguo término de la tolerancia. Nos permite tener referencias a las que sujetarnos. Así, no es tolerable el dopaje deportivo porque convierte en mentira el resultado. Te respeto como persona, pero si quieres matar a mi hija la debo defender aun pegándote; respeto a la persona pero no respeto su acción. Por otra parte, una vez alineado con la verdad, el respeto al obrar ajeno debería ir en doble dirección convirtiéndose en respeto mutuo. Se convierte así en elemento constructivo de la sociedad.

Aplicado a las sociedades políticas, Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, desarrolló la teoría de la guerra justa y la intolerancia frente a la agresión.

Es decir, partiendo de las dos claves anteriores, ante un indiscriminado “hay que tolerar a todos” mezclando a las personas con lo que ellas dicen, hacen o piensan; podemos proponer un “todos tienen una dignidad absoluta y son únicos y por ello han de ser profundamente respetados” y, además, “lo que cada persona, o conjunto de personas, hace, dice o piensa puede ser respetable, pero no necesariamente lo es”.

Editorial: «Laicidad, Laicismo, y Cristianismo»

Estado laico es el que no otorga carácter estatal a ninguna religión y reconoce el hecho religioso dentro del derecho fundamental de la libertad religiosa. El concepto de Estado laico se inscribe en el principio de separación entre Estado e Iglesia, que deriva de la separación entre potestas y auctoritas. El “reconocimiento del hecho religioso” es interpretado de acuerdo con las circunstancias históricas, sociales, culturales y políticas de cada Estado. En el caso de España, la Constitución española recoge que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la iglesia católica y las demás confesiones”, por lo que podríamos calificar al Estado español como aconfesional. La diferencia entre Estado laico y aconfesional es actualmente muy difusa como consecuencia del acusado proceso de secularización que sufren las sociedades occidentales. Actualmente, de los 193 Estados miembros de la ONU, 160 son laicos y 33 confesionales, siendo estos últimos los que asumen una creencia religiosa como religión oficial del Estado.

La laicidad del Estado no impide el que sus principios constitutivos y sus instituciones se establezcan sobre la base antropológica, cultural y religiosa de una determinada religión, que en la Civilización Occidental es el Cristianismo. El humanismo cristiano es el origen de la civilización de los derechos humanos y de las libertades individuales. En sentido opuesto, el Estado laicista es orgánicamente antirreligioso por estar sustentado en una antropología materialista y antihumanista. En Occidente, el laicismo discurre paralelo a la hipertrofia de un Estado colectivista y omnipresente, que vulnera el democrático principio de subsidiariedad y erosiona gravemente los derechos y libertades individuales.

En un Estado laico de orientación laicista, el cristianismo es la gran referencia antropológica humanista a eliminar, siendo su raíz religiosa un objetivo secundario de la estrategia laicista, al ser el cristianismo  una creencia en declive y compartir el principio de libertad religiosa con un islamismo en auge. No obstante, los cristianos, sus lugares de culto y sus símbolos, sufren, en grado creciente, la presión laicista y su derivada de agresiones de toda clase. El laicismo es en realidad un ideario de eliminación de las raíces cristianas y de promoción de un multiculturalismo producto de la progresiva implantación de creencias y cosmovisiones colectivistas liberticidas.

Ante la ofensiva laicista, en la mayoría del clero católico y en gran parte de sus fieles, se manifiesta una corriente involuntariamente reduccionista que se limita a contemplar la fe religiosa, la creencia, dejando de lado la cosmovisión humanista cristiana, raíz de la civilización occidental, la de las tres colinas: la Acrópolis, el Capitolio y el Gólgota. La fe religiosa debe de estar activamente presente en la vida pública a través de lo religioso, pero también de lo cultural, alcanzando con determinación el ámbito de lo prepolítico y diferenciando la fe, un don personal, de la cultura humanista cristiana, un bien moral perteneciente a toda la sociedad y que constituye la piedra angular de la civilización occidental.

En una sociedad crecientemente dominada por élites laicistas, fruto de la hegemonía cultural del materialismo nihilista, es un notorio error el limitar la defensa de los principios y valores del cristianismo a razones de fe, minusvalorando o eludiendo la batalla cultural, una tarea imprescindible para restablecer la cosmovisión del humanismo cristiano, que ha vertebrado la civilización occidental de las libertades individuales y los derechos humanos, la que está siendo frontalmente asaltada desde hace ya medio siglo por las numerosas y poderosas fuerzas de la antropología antihumanista.

Gracián

Iglesia y totalitarismo

Observatorio Religión y Sociedad:
​​​Arranca en Montepríncipe el ciclo “Iglesia y totalitarismos” que propone a la comunidad universitaria informarse y reflexionar sobre situaciones actuales en las que la Iglesia católica está siendo  Iglesia católica está siendo agente de resistencia en las dictaduras contemporáneas.​
La primera actividad ha consistido en una mesa redonda sobre la situación en Nicaragua en la que participaron los periodistas Edgardo Pinell y Fernando de Haro junto con la especialista en Libertad religiosa, y profesora en la USP, Helena Sánchez.
El ciclo “Iglesia y totalitarismos” está organizado por el Observatorio CEU sobre Religión y Sociedad y el Aula Política de la Universidad. Esta primera mesa redonda se ha celebrado además en colaboración con Pastoral de Montepríncipe y el Instituto de Humanidades CEU Ángel Ayala.
La segunda actividad del ciclo está prevista para la próxima primavera en el campus de Moncloa, con una nueva mesa redonda sobre las aportaciones de la Iglesia católica en Cuba.​

¿Está preparada la Unión Europea para la nueva geoestrategia naciente?

Por: Carlos Baltés

1. Introducción: La Agrupación de Países como reacción estratégica

Existen en nuestro tiempo una serie de Estados que se distinguen por los siguientes factores: Grandes dimensiones geográficas, Ingentes poblaciones con altas tasas de crecimiento demográfico y también generalmente con elevados niveles tecnológicos. Son estos los nuevos Mega-Países. Distinguiríamos varios ejemplos notables, aunque son muy diferentes. Y lo son por diversas razones. En general, son Estados que conforman nuevas realidades estratégicas. Entre ellos, algunos se vinculan con un fuerte grado de compromiso mutuo como es el caso de la Unión Europea. No ocurre igual con el caso de los denominados Brics, que representan acuerdos entre grandes países con fines geoestratégicos de influencia mundial, y donde los fundadores buscan la ampliación de miembros que se adhieran a su asociación inicial. Asimismo, hay países que buscan acuerdos fundamentalmente militares como es el caso del AUKUS, que incluyen a países de origen anglosajón. Finalmente existe un proyecto que pretende una articulación de países pertenecientes al Área de la Iberofonía, que se distribuyen por Europa, América, África y Asia. Nos preocuparemos ahora únicamente de la Unión Europea.

2. La Unión Europea

Representa una nueva conformación de los Estados Históricos Europeos a través de una innovadora propuesta de agrupación funcional de los países que habían constituido a lo largo de los siglos el Viejo Continente. Esta conformación fue una prueba de una gran inteligencia política de la clase dirigente posterior a la Segunda Guerra Mundial, como también lo fue de una perseverancia mantenida a lo largo de décadas con la loable intención resolver problemas ancestrales de convivencia, mejorar la vida y las relaciones de los ciudadanos europeos y, asimismo, estructurar una nueva realidad más potente, más rica, más segura y más justa. A la luz de las características de nuestra época la Unión Europea era una solución innovadora, brillante y sofisticada intelectualmente, que suponía el aggiornamento necesario para recibir y estructurar la nueva realidad social, económica y política europeas de nuestro tiempo. Los Estados Unidos de Europa o la Unión Federal Europea hubieran constituido el primer mega-país de la Historia Mundial construido y diseñado mediante el acuerdo y el consenso. Eso suponía adelantarse de nuevo a los tiempos, como era su marca de la casa. ¿Pero, qué pasó?

Seamos concisos. Será suficiente.

La Unión Europea fue pasando por muy diversas fases: Del mercado interior se llegó a alcanzar la unión económica y monetaria. De estas fases iniciales, y tras ellas, habría que haber ido hacia la unión política. Se trataba entonces de superar la visión funcionalista alcanzando la visión institucional. Este nuevo estatus exigía 1. Renuncias crecientes de la soberanía nacional por parte de los Estados miembros. 2. Elaboración de una Constitución Europea que recogiera los valores culturales, sociales, históricos y políticos que conformaron a Europa a lo largo de los siglos.

Pues bien, sólo se ha realizado la fase de las transferencias de soberanía de los Estados miembros a las instituciones europeas preparadas para recibirlas: a) La Comisión Europea, b) El Parlamento Europeo c) El Consejo Europeo. También se creó la Convención Europea, que era el órgano que tendría que redactar la Constitución Europea. Pero esta Constitución no llegó a elaborarse. Cierto es que en 2004 se acordó el Tratado por el que se establecía la formulación de una Constitución para Europa. A la vista de este fracaso, en diciembre de 2007 se firma el Tratado de Lisboa por los 27 miembros intentando recuperar lo recogido en el frustrado Tratado de 2004.

Bien, pero, ¿qué es hoy la Unión Europea? ¡Qué difícil respuesta! Hay para todos los gustos: Es una asociación de Estados de carácter internacional, o también, es una organización internacional regulada por derecho internacional, incluso se indica que es más bien una estructura de corte federal que otro tipo de estructura jurídico-política. Lo que no es la Unión Europea, es un estado. Podría decirse que es un ente jurídico-internacional y político atípico. Lo que sí puede decirse es que las opiniones de los expertos se extienden según su propia libertad de opinión… Verdaderamente esta tierra de nadie tiene su origen en que el Tratado de Lisboa fue rechazado por Francia el 29 de mayo de 2005 y también por los Países Bajos el 1de junio de 2005. Estos rechazos han llevado a la desnaturalización del Proyecto Europeo y a la pérdida del objetivo de servir a todos los ciudadanos europeos.

Bien, ¿qué ha ocurrido con el Proyecto Europeo previsto con este retraso de casi 20 años de parón en el mismo? Dos cuestiones importantes y una salida necesaria. Indiquémoslas brevemente.

En primer lugar, los Estados Nacionales Europeos han seguido con las políticas de transferencias de soberanía propias a favor de la Unión Europea -ese ente jurídico-internacional y político atípico-. Es decir, los Estados Europeos han perdido capacidad de acción e independencia de decisión sobre muchos temas que afectan directamente a sus ciudadanías creándose conflictos y disfunciones notables que inciden claramente en la vida de los ciudadanos de cada país y disminuyendo claramente su interés sobre el propio proyecto europeo previsto.

En segundo lugar, se ha producido una acumulación de Poder en las estructuras europeas preparadas para recibir esas transferencias de las soberanías nacionales: la Comisión Europea, sobre todo, y también, el Parlamento Europeo. El Consejo Europeo es en verdad un tentáculo de poder e influencia de los Estados más potentes sobre los más débiles con las deficiencias que esas distorsiones suponen.

Asimismo, el poder creciente acumulado en la Comisión Europea no tiene un control democrático suficientemente garantizado creándose así un contrasentido en la práctica liberal que garantice la igualdad y la justicia, pues la Comisión no es elegida directamente por los ciudadanos de Europa. Estos déficits democráticos son todavía más inaceptables dada la creciente acumulación de transferencias realizadas desde los Estados miembros. En este contexto actual aparece, por ejemplo, la Agenda 2030 que está crecientemente presente en todas partes dentro del ámbito europeo, cuando los programas sociales, políticos y económicos, como es sabido, deben votarse por los ciudadanos. Este es un principio democrático inalienable.

La necesaria salida de un miembro de la Unión Europea referida anteriormente es la que los propios ciudadanos británicos votaron democráticamente con motivo del famoso Brexit. Gran Bretaña es un gran país, inteligente y sereno, y saben mejor que nadie lo que les conviene. Al resto de Europa le pasa igual: sabe lo que le conviene.

Finalmente, hay que señalar que sería deseable terminar cuanto antes con la actual desnaturalización del Proyecto Europeo y recuperar la senda perdida para servir a los ciudadanos de Europa convirtiendo así al Viejo Continente en la mejor versión actual de sí mismo: un Mega-país supranacional moderno y justo que dé clara luz a todos los hombres y mujeres del Planeta, siendo consciente, al mismo tiempo, del momento extremadamente complicado que nos ha tocado vivir. Circunstancias externas a la propia Unión Europea -la nueva geopolítica que está llegando- parece que le puede obligar a seguir el camino que nunca debió de olvidar. Veremos.

LA GEOESTRATEGIA DE EEUU EN EL S.XXI: DEL MEDITERRÁNEO Y EL ATLÁNTICO NORTE AL PACÍFICO

LA GEOESTRATEGIA DE EEUU EN EL S.XXI: DEL MEDITERRÁNEO Y EL ATLÁNTICO NORTE AL PACÍFICO

El 11 de septiembre de 2001 las Torres Gemelas de Nueva York fueron destruidas por la organización terrorista yihadista Al Qaeda(1988- actualidad). En enero 2002 George W. Bush utilizó la expresión «Eje del mal», para referirse a Irak, Irán y Corea del Norte como estados patrocinadores del terrorismo. En mayo 2002 George W. Bush incluyó en el «Eje del mal» a Siria, Libia y Cuba, adoptando sanciones a esos países, entre las que cabe destacar la congelación de sus fondos en dólares en el extranjero.
Desde mediados de 2002 hasta finales de 2004 esa medida no se aplicó de facto a los fondos en dólares del Estado sirio. La aplicación y control de esas sanciones es competencia del Departamento de Estado de los EEUU.

En 2005, EEUU decide trasladar su centro de gravedad geoestratégico desde el Mediterráneo oriental y el Atlántico norte, al Pacífico, ya que su gran competidor por la hegemonía mundial es China. La OTAN y las alianzas con las democracias europeas se debilitan, mientras se establecen o refuerzan los acuerdos con los regímenes autoritarios del Golfo Pérsico, Rusia, Egipto y Marruecos, nueva orientación geoestratégica a la que se suma Israel. Esa histórica decisión se genera en el «Deep State» y sus aledaños, se depura a través de los think tanks más influyentes y se toma en el seno del Departamento de Estado, responsable de la política exterior de EEUU.

El factor decisivo para incorporar regímenes autoritarios como aliados en la nueva geoestrategia, fue la decadencia de la ética de la responsabilidad en las democracias occidentales, que ya no asumen la pérdida de vidas humanas en combate cuando ésta se produce fuera de las propias fronteras.

CRONOLOGÍA:

– Irán es una teocracia islámica chií desde 1979, que pugna por conseguir la hegemonía en Oriente próximo y medio, financiando las milicias terroristas de Hezbolá, Hamás y Utíes, mientras intenta desarrollar armamento
atómico para neutralizar o destruir a Israel. Su gran rival militar en el Oriente medio Islámico es Paquistán(suníes), que dispone de armas atómicas (incluyendo cabezas nucleares tácticas) y su principal rival en el liderazgo islámico es Arabia Saudita (wahabíes).

– Guerra del Golfo (Irak invade Kuwait)(coalición internacional) 1990-1991: 2 años

– Guerra de Afganistán (suníes 80%+chiíes 20%) 2001-2021: 20 años

– En 2003 una coalición internacional encabezada por EEUU invade Irak (suníes + chiíes) y permanece hasta 2011: 8 años

– En 2005 se permite a Rusia recuperar el uso de la base naval de Tartús (Siria), interrumpido desde 1992.

– Desde 2009 Rusia e Israel cooperan dentro de la nueva geoestrategia.

– Guerra civil en Siria (suníes, alauitas, chiíes, cristianos) 2011 a 2024: 13 años.
Intervención de Rusia (2015 -2024): 9 años

– Estado Islámico (DAESH o ISIS): organización paramilitar terrorista yihadista creada en 1999 en Irak y que entró en combate tras la invasión de Irak en 2003, participando en la guerra civil Siria desde 2011. Controla zonas importantes de Nigeria, Mali, Mozambique, Somalia y Egipto. El Estado Islámico proclamó su califato mundial en 2014.

– Guerra Rusia-Ucrania 2014 (invasión de Crimea y revoluciones en regiones del este ucraniano), sin respuesta militar ni de EEUU ni de Europa.

– En febrero 2022 Rusia inicia la invasión de Ucrania frenada por la heroica resistencia del ejército y la población ucraniana, por lo que las zonas de combate se concentran en el este ucraniano.

– En 2024 los islamistas de Al Golani acaban con la dictadura (apoyada por Rusia e Irán) de Al Asad en Siria desde el 2000.

– 2025: en Siria, los islamistas suníes están asesinando a civiles alauitas, drusos y cristianos.

– En marzo 2025 se inician las negociaciones entre Trump y Putin para acabar con la guerra entre la invasora Rusia y la invadida Ucrania, de las que Europa es apartada y en las que EEUU pretende recuperar a Rusia como aliada y alejarla de la influencia China.

Avizor

Editorial: «Mentira, Relato, Ofensa y Fraude»

Marzo llama a su fin, y nos retrotrae a acontecimientos acaecidos en otros marzos que siguen en el recuerdo colectivo del pueblo español. Marzo de los años 2004 y 2020 son dos momentos en nuestra historia reciente que no se deben olvidar en nuestra “memoria democrática”.

En el año 2004 la falta de transparencia y las contradicciones, alimentó la desconfianza y la incertidumbre en la sociedad española, que fue aprovechada por el PSOE para utilizar los atentados del 11-M con fines políticos. El objetivo eran las elecciones generales del 14 de marzo, con discursos y acciones de sus líderes políticos, incluso en la jornada de reflexión, con manipulaciones y mentiras que marcaron aquellos días de crisis y que, supusieron un radical vuelco de la opinión pública, con el inesperado triunfo del PSOE en esas elecciones.

En el año 2020, las mentiras de Pedro Sánchez y su gobierno durante la pandemia no sólo pusieron en riesgo nuestra salud y la de nuestros seres queridos, sino que normalizó una anormalidad institucional detrás de un Estado de Alarma que se decretó el 14 de marzo para quince días, fue prorrogado en seis ocasiones para finalizar el 21 de junio de 2020. Una anormalidad institucional que finalmente fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional. Pese a ello, quien critica la acción del gobierno se le tacha de no democrático y reaccionario.

Como en su momento dijo Jean-François Revel “llegamos así a una curiosa situación-que vivimos todos los días-: situación en la que quienes quieren destruir la democracia parecen luchar por reivindicaciones legítimas, mientras que quienes quieren defenderla son presentados como artífices de una represión reaccionaria”. Esta situación que es la que vivimos en España hoy en día por el designio de un poder político – el gobierno que dice que se apoya en una mayoría social, que ni es mayoría ni social, sino rehén de grupos que sólo se guían por intereses propios de unos dirigentes bien de pasado terrorista, bien de pasado sedicioso-, ocupado en privar de consideración cualquier acción de quienes no quieren más que defender las instituciones del Estado. No podemos limitarnos a vivir indignados en la mentira.

Con Zapatero, y posteriormente con Sánchez, se busca un enfrentamiento entre los españoles que polariza a la sociedad, con mentiras y una historia manipulada. Un nuevo relato con el único objetivo de reescribir nuestra historia y sacar ventajas políticas. Omito en este momento las “otras ventajas” que fruto de la corrupción están saliendo a la luz como resultado de investigaciones judiciales. No podemos resignarnos ni acostumbrarnos a que nos mientan. Se trata de una mentira constante justificada por la falsedad y la manipulación y convertida en una máquina para la extinción de la democracia, mientras paga sus fracasos, sus insuficiencias y sus culpas a un precio infinito para el pueblo español.

Y menos aún si con la mentira y un relato se pretende normalizar una ofensa, primero con el discurso durante los gobiernos de Zapatero para justificar el proceso de negociación con ETA, con una deslegitimación de la democracia al aceptar como interlocutores a quienes practicaron y justificaron el terrorismo. Hoy son recibidos en la sede del gobierno de España, pese a que Pedro Sánchez había dicho que “con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 5 veces o 20”. Tras la llegada de Pedro Sánchez no sólo se consolida el relato de Zapatero de legitimar a ETA, sino que se aprueban leyes con Bildu, socios imprescindibles para gobernar España y que a cambio consiguen excarcelaciones de terroristas.

Detrás de todo ello existe un gran fraude. Pedro Sánchez para conseguir su investidura pacto con todos aquellos que dijo que no iba a pactar y, cedió todo aquello que dijo que no iba a ceder. El más claro ejemplo es la ignominiosa ley de amnistía. La gobernabilidad de España está en manos de fuerzas nacionalistas cuyo único objetivo es acabar con la nación española. No existe posibilidad de gobernar con el apoyo de la oposición en asuntos de Estado, porque las mentiras, manipulaciones y el hostigamiento buscan su aplastamiento de esa oposición, utilizando todos los recursos públicos, incluso la fiscalía general del Estado.

La democracia está en riesgo por el empeño de Pedro Sánchez de continuar en la Moncloa. Y ya ni lo oculta, al decir abiertamente que hay que seguir «con determinación, con o sin apoyo de la oposición, con o sin concurso del poder Legislativo», quizás porque las derrotas parlamentarias le hablan de su debilidad y de su incapacidad, pero sobre todo de su derrota en las urnas. Es un gobierno ilegítimo por ilegal al incumplir los más elementales deberes constitucionales. Y de momento es más perseverante en ello de lo que la democracia lo es en defenderse. Ahí está su acción de «okupa» de las instituciones.

No podemos permanecer impasibles frente a un poder que se afana en destruir la democracia y menos aún permitir que el pueblo español pierda la confianza en sí mismo y dejar de creer en su capacidad para forjar con talento argumentos con los que combatir a quienes sólo están en la búsqueda activa de un poder sin control. Aún hay tiempo para poder conjurarlo.

Y en este empeño no podemos desconocer hechos de nuestra historia, aunque sea reciente, asumiendo si es necesario el coste personal y colectivo que implique tomar las medidas idóneas para dar réplica a este tiempo de desmemoria y mentira, de inanidad e inmoralidad, o el precio a pagar puede resultar abrumador. «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla» podía leerse a la entrada de unos de los bloques del campo de concentración de Auschwitz.

Editorial: «VIENTOS DE CORRUPCIÓN»

La corrupción marcó el final de las presidencias de Felipe González y de Mariano Rajoy. En el primer caso fue un proceso largo y de desgaste, el segundo abrupto y rápido por medio del triunfo de una moción de censura.

El actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra asediado por un rosario de corrupciones y corruptelas que alcanzan a su propia familia y llegan hasta al colchón en el que duerme -ese que cita en su obra. Asuntos como: Koldo/ Abalos / compra de mascarillas en Canarias, Baleares…; tráfico de influencias de Begoña, su mujer, que sin estar graduada ocupa una cátedra UCM; un programa de software que costó un dineral para la citada cátedra y que no aparece; el hermano enchufado que no sabe ni dónde está su despacho; Aldama y su licencia de operador de hidrocarburos en solo dos meses; Aldama y sus gestiones en Hacienda; el dinero entregado en la sede del PSOE en la calle Ferraz, el regalo al PNV de un palacio en París, la compra de votos con un amnistía dudosamente constitucional… y, como no, las revelaciones del Fiscal General del Estado para perjudicar a una rival política del presidente, entre otras tramas que conozcamos. Todos estos asuntos aún no han sido contabilizados en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2024 de Transparencia Internacional en donde España en un año ha bajado su puntuación de 60 a 56 puntos y descendido 10 puestos en el ranking. En la lista de los países de la Unión Europea, ya estamos en la parte baja (número 14 de los 27 países). Las razones son muchas, entre otras la no implementación de la Ley 2/23 de protección de las personas que informen sobre infracciones normativas y de lucha contra la corrupción -se sigue esperando a la prevista Autoridad Independiente-; el retraso en la transposición de 87 Directivas de la UE -de las que 30 están fuera de plazo. En general, pese a las campañas y manifestaciones de que todo marcha bien, todo marcha peor.

Por ello, lo lógico y normal es que, en el informe del próximo año España siga cayendo en dicho Índice, en el pozo de la corrupción. Es difícil determinar si la corrupción es el resultado del poder o, si la corrupción ha servido para llegar el poder. Es lo mismo.

Aferrarse al poder como sea, es la consigna de este gobierno. La acción política emplea normas “ómnibus” en donde se mezclan “churras con merinas”, algo que repugna a la racionalidad y la decencia política. Si hay que liberar a asesinos condenados por terrorismo, se hace de forma silente, hasta que reciben los recibimientos apologéticos de las huestes de ETA. Si se ceden competencias sobre las fronteras -algo muy exclusivo del Estado-, se hace. Si la mentira y la manipulación es signo distintivo de la acción política gubernamental, se sigue acusando a los otros de mentir -algo que recuerda lo de la viga en el propio ojo.

Una corrupción que no solo es económica, pues se cuela hasta el espíritu de los ciudadanos y de la nación. Si el egoísmo propio de la corrupción alcanza el espíritu del pueblo español, éste se fragmentará. Los vientos de la corrupción barrerán la concordia y el consenso de la Transición Política y traerán el sectarismo, el enfrentamiento permanente y la división propia de la II República. Un camino hacia el desastre.

EEUU, RUSIA Y EUROPA 

EEUU, RUSIA Y EUROPA

por Avizor
Trump demuestra una vez más que lo suyo es la especulación inmobiliaria y no la negociación geoestratégica, en la que habitualmente tiende a confundir el fin con los medios y las fotos con los acuerdos. EEUU no movió un dedo cuando, en 2014, Putin invadió Crimea y el Donbás, actitud pasiva que concordaba con sus intereses en la zona, que pasaban por el que Rusia dispusiera de una salida al mar Negro a través de Crimea. El objetivo subyacente era que la flota militar rusa reforzarse a una VI flota USA en declive, consecuencia del traslado del centro de gravedad geoestratégico del Mediterráneo al Pacífico.
La Rusia de Putin pasaría de estructural enemiga a colaboradora de EEUU en su pugna con China, el gran aspirante a nuevo hegemón y en que los militares rusos integrasen la primera línea del frente en la batalla contra el yihadismo en el avispero de oriente próximo. Esa arriesgada alianza entre la democracia USA y la dictadura rusa, requería de la rusificación de las costas de Ucrania, con ventajas geoestratégicas y económicas para ambas potencias, incluyendo la futura explotación de las tierras raras ucranianas, competencia de las chinas.
Cuando en 2022, en su afán imperialista, Putin pretende ocupar Ucrania para imponerle un gobierno títere, mediante lo que estima como un paseo militar, rompe el acuerdo implícito con EEUU implicando a los países del Éste de Europa y a la propia Unión Europea en la ecuación, un grave error estratégico político y militar. Transcurridos tres años de la invasión criminal de una heroica Ucrania por una genocida Rusia tiranizada por Putin, una ejemplar Ucrania que se resiste tenaz y valientemente a esa invasión, no ha podido impedir la flagrante partición de Ucrania, mantenida por la constante agresión militar rusa. Ese reparto del territorio ucraniano es de muy difícil retroceso, ya que EEUU busca mantener un ilegítimo status quo que le favorece, obligando así, colateralmente, a que Ucrania les ceda las tierras raras del territorio en el que mantiene su soberanía.
La Unión Europea ya tiene capacidad militar suficiente para enfrentarse con éxito a Rusia, que jamás utilizará su armamento nuclear estratégico, pero carece de la necesaria unión política y del consenso social para hacerlo. Lo más probable es que la UE acabe siguiendo la estela USA y pactando con Putin, lo que reforzará el potencial bélico ruso de cara a unas nuevas invasiones militares de los países del Este de Europa, que previamente hayan sido asaltados por la corrupción económica y política proveniente de Rusia. En ese nuevo contexto geoestratégico el futuro de Europa es incierto, pero es de temer que su creciente dependencia de EEUU, China y Rusia, conduzca a que los países centrales de Europa se deslicen hacia una rampante irrelevancia en todos los órdenes.

La Autarquía que viene o la necesidad de hacer

La Autarquía que viene o la necesidad de hacer. 

por Ramón Estévez

Estas páginas exponen dos de los principales problemas de Europa y de España. Llevan décadas con nosotros, apenas se habla de ellos y no son solubles a corto plazo. Sin embargo es imperativo abordarlos si queremos evitar que la pérdida de peso global de la UE siga creciendo y se haga irreversible. De modo muy resumido se trata de las consecuencias de nuestra dependencia geopolítica y de la importante pérdida de nivel tecnológico.

A comienzos de 2025  entrábamos en el cuarto año de la guerra de Ucrania, el presidente Trump arrancaba su segunda legislatura amenazando al mundo con aranceles. Alemania, hundida por las propias sanciones europeas a Rusia, languidecía al tener que renunciar al mercado ruso y a su energía a precios razonables. Sin otras opciones, su industria se trasladaba discretamente a los EEUU o sopesaba la posibilidad de hacerlo. Alemania no podía mantener su competitividad  y se veía en la tesitura de comprar más energía a los EEUU y de mantener las centrales de carbón a toda máquina amén de liquidar sus propias centrales nucleares. Un conjunto de circunstancias difíciles de explicar desde un proceso decisorio racional.

El resto de Europa, bajo una Comisión obsesivamente reguladora, continuaba su largo declive bajo una fiscalidad destructiva. La idea de que toda fiscalidad es un coste macroeconómico no terminaba de entrar en las acomodadas mentes de sus políticos.

A su vez Úrsula Von der Leyen se preparaba para explicar que tendríamos que pagar la reconstrucción de Ucrania mientras Trump y Putin pactaban por su cuenta el fin de  de la guerra. Europa, ausente de las decisiones imperiales, se mostraba incapaz de liberar las energías de sus casi quinientos millones de habitantes cada vez menos libres y más regulados. Desde los tapones de los envases hasta los desarrollos de Inteligencia Artificial. La ciudadanía, mal informada por sus “medios”, no era consciente de estar al borde del precipicio que ocultaban la prensa y  el prudente Informe Draghi.

Tras la terrible legislatura “woke” del tandem Biden-Harris, arranca  el mandato de Trump con la promesa de reconstruir una América grande. Con sus formas estentóreas, Trump reiteraba  lo que ya venía sucediendo desde la presidencia de Biden: que el traslado de empresas  desde la UE era  incentivado por la Casa Blanca. Y si Europa no se defendía…”allá ella” en versión discreta del feo improperio de Victoria Nuland en aquel Maidan financiado por fondos del USAID. Europa vivía en el olvido terapéutico de la voladura del Nord Stream pero ya comenzaba a ser consciente de que su declive sería en soledad.

Así las cosas, la primera gran prioridad es reconocer nuestra suicida dependencia de los EEUU. Una circunstancia que nos exige reaccionar para que los intereses geoestratégicos norteamericanos dejen de ser la brújula que orienta y subordina los nuestros.

Es igualmente crucial sacar a la luz pública el otro grave problema: nuestro largo declive tecnológico fruto, también, de la ya citada dependencia desde la postguerra.

En efecto. Unas semanas antes del comienzo de las restricciones mundiales a causa del Covid, un organismo de la ONU, la Oficina Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), publicó su por entonces último informe que tampoco recibió la atención de la prensa. Cinco años después sigue oculto tras un ominoso y pertinaz silencio.

Aquel informe mostraba que China ya duplicaba a los EEUU en producción tecnológica (solicitudes de patentes y registros de propiedad industrial) con un 40% de la actividad global. Japón, con un 10%, la mitad que Estados Unidos (19%), ocupaba el tercer lugar y Corea del Sur, con un 6.7%, el cuarto. La Unión Europea, que aún incluía al Reino Unido,  era la quinta “potencia” con un 5.6%. Lo realmente chocante era que la UE tenía y tiene diez veces la población de Corea.

En menos de treinta años Occidente había pasado, desde el liderazgo indiscutible, a la pérdida del mismo y a una situación europea tremenda por terminal.

No hace falta ser un genio para ver que el  bloque económico europeo, con los mayores costes fiscales del mundo, no puede subsistir sin un claro liderazgo tecnológico en nuestros productos que compense costes y precios estratosféricos. No solo no puede subsistir sino que deberíamos ser conscientes de que la actual situación es insostenible y condena al fracaso la principal función del estado: la creación de progreso.

La actual superioridad tecnológica china se ha logrado en los últimos cuarenta años durante los cuales  se alzó como la gran potencia fabril del globo. Algo  lógico porque la necesidad de encontrar soluciones científicas y técnicas ingeniosas no surge en el vacío y solo se produce gracias a las dificultades y desafíos propios de un entorno fabril que exige soluciones a cada instante. Esta realidad no ha pasado desapercibida para los gobiernos de los EEUU y tratan de remediarla del único modo posible: su reindustrialización a ultranza de tal modo que puedan recuperar  su hoy perdida primacía tecnológica. Una apuesta difícil e incierta en cualquier caso pero imperativa para los gobiernos de Washington. Lo cual les honra.

En este proceso la UE se halla en una pésima situación por las trampas en las que fuimos cayendo desde que Bush padre pronunció aquella fatídica frase “We prevailed”, que, traducido, quería decir: “hemos ganado, y Rusia va a tener que aguantar la ruptura de nuestra promesa de no extender la OTAN hacia el Este”.

Hoy, perdida la guerra de Ucrania por el bloque Occidental, estamos ante un escenario en el cual el “hegemon” anterior ya sabe que está en un mundo multipolar y se repliega para recuperar sus fortalezas. En ese justo instante los europeos nos encontramos, como reza el dicho popular, colgados de la brocha con una fiscalidad desaforada y unos costes de energía que nos imposibilitan ser competitivos.

Mientras tanto los EEUU ya se han lanzado a recuperar su antigua potencia industrial como base para alcanzar nuevamente la superioridad  tecnológica.

Para Europa la inacción no es una opción compatible con nuestra supervivencia. Sin embargo la realidad es que no vemos que nuestra cúpula actúe en el sentido que las circunstancias exigen.

¿Qué está haciendo Europa? ¿Qué estamos haciendo en España para recuperar y desarrollar su industria? ¿Seguiremos, en vano, esperando a que otros lo hagan por nosotros? ¿Seremos las viejas naciones capaces de tomar la iniciativa sin depender de una UE que es causa de la situación e incapaz de crear las condiciones de entorno que permitan la eclosión de los miles de millares de iniciativas necesarias para el progreso? La inacción no es una alternativa. Como tampoco lo es la pervivencia del modelo que nos ha traído a esta situación. Sobran regulación y control, falta libertad y cada vez es más evidente que ninguna de estas taras se resolverá desde Bruselas.